Proyecciones


La proyección es un mecanismo fundamental de la vida psíquica, por el cual el sujeto atribuye a los demás o echa la culpa al mundo exterior de lo que rehúsa reconocer en sí mismo. Si alguien nos atribuye un defecto suponemos que ese defecto está en ese alguien y no en nosotros. Este mecanismo resulta muy útil para esquivar la angustia que provoca la verdad, aunque tarde o temprano esa verdad nos acaba atrapando. Es mejor no abusar mucho de la proyección y aceptar cuanto antes que somos lo que somos, para que la angustia disminuya.

Al hilo de este mecanismo tenemos dos ejemplos actuales, los comentarios de Pablo Echenique a la deserción de Errejón y los del alcalde de Valladolid al ‘marcho que teño que marchar’ de su otrora consejera Soraya Rodríguez. Los dos acusan de lo mismo: os vais para poder seguir chupando del bote. No hay que ser muy avispado para apreciar en esa acusación la proyección de su propio temor.

Estos mecanismos de defensa psíquicos se activan en la relación social y el problema es que hoy nos comunicamos tanto que se nos ve muy pronto el plumero. Las soflamas tuiteras son análogas a las broncas de taberna: impulsivas, ácidas y verdaderas. Las fotos de Instagram dicen mucho más que las imágenes que muestran y la vida contada en Facebook no es la que se lee.

Creo que era de Antonio Ordóñez -matador de toros- la escena en la que el maestro, sentado en el porche del cortijo, pasmaba mirando la dehesa, cuando un mayoral se le acercó saludando: «Buenas tardes, maestro. Qué, aquí tomando la fresca, ¿no? ¡Qué bien se está aquí, maestro! A lo que el maestro replicó, sin dejar de pasmar: «Callaítos estamos mejor».

Tesoros de la tauromaquia.

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