¿A quién le importa el empleo?


Me cuesta entender por qué, si el paro constituye la principal preocupación de los españoles, el tema del empleo apenas suscita debate social ni figura entre los afanes de nuestros políticos en guerra. Solo hallo una explicación a ese desinterés por el asunto: las cosas marchan razonablemente bien, la economía sigue creando puestos de trabajo -de aquella manera, ciertamente- y los políticos no encuentran pólvora en ese arsenal para disparar a los adversarios. Y optan por trasladar sus ejércitos a otros territorios de combate, ya sea la Cataluña irredenta, los «viernes sociales» de Sánchez o el «feminismo liberal» de Ciudadanos.

En ese contexto, cada vez que el antiguo Inem o la EPA informan sobre la evolución del empleo se producen las consabidas declaraciones de rigor y, rápidamente, a otra cosa, mariposa. Si no hay carnaza ni metralla, ¿a quién le importa sopesar las señales de alerta que pudiera traslucir esa información?

Con los últimos datos publicados se reprodujo el ritual. En febrero se crearon más de 69.000 empleos. Una cifra que ni fu ni fa en términos políticos. Ni lo suficientemente buena para que el Gobierno la exhiba en campaña, porque es inferior a la registrada en los dos febreros anteriores; ni lo suficientemente mala para ser utilizada por la oposición e inservible como prueba de las nefastas consecuencias que, según la derecha, iba a producir la subida del salario mínimo.

Digámoslo ya: el incremento del número de afiliados a la Seguridad Social siempre es noticia positiva. Demuestra que la economía, a pesar de su ralentización, sigue produciendo empleo. Pero hay síntomas, desde principios de año, de que la desaceleración comienza a trasladarse al mercado laboral. El saldo del 2018 había sido espléndido: aunque el PIB creció medio punto menos que en el ejercicio precedente, se crearon 564.000 empleos. El incremento de cotizantes en diciembre superó en un 85 % al registrado en el mismo mes del año anterior. La paradoja estaba servida: perdían presión las calderas de la actividad económica y aumentaba su capacidad de generar empleo.

Si existía tal paradoja, esta comenzó a esfumarse en los dos primeros meses de 2019. En enero siempre se desploma el número de afiliados a la Seguridad Social, pero este año cayó más que en el 2018. En febrero suele el empleo iniciar la remontada, pero este año lo hizo con menor fuerza. ¿Qué sucederá en los próximos meses?

Habida cuenta del fuerte componente estacional del empleo en España, resultante de un modelo económico que genera un gran volumen de trabajo temporal en actividades de baja productividad, el pronóstico no se antoja difícil: en marzo, abril y mayo -junto con octubre, los mejores meses del año- seguirá aumentando, salvo catástrofe, el número de cotizantes. La cuestión estriba en dilucidar la magnitud de ese crecimiento. Y las perspectivas no son halagüeñas: con una economía avanzando al ritmo del 2,2 % -un tercio menos que en el 2016-, parece imposible cosechar otro medio millón de empleos este año.

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