El oyente


En el último capítulo de su libro La expulsión de lo distinto, Byung-Chul Han afirma: «En el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente. A cambio de pago, el oyente escuchará a otro atendiendo a lo que dice. Acudiremos al oyente porque, aparte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche. Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar». Reconozco que cuando leí esto hace un par de años una sonrisa burlona, incluso escéptica, asomó en mis labios. Hoy reconozco que el filósofo alemán de origen surcoreano va camino de tener más razón que un santo. Y esto me acongoja y me da pavor, a partes iguales.

 Lo curioso de la época en la que nos ha tocado vivir es que somos fantásticos en nuestros análisis, también en el diseño de los planes de solución, y sin embargo no somos capaces de poner en marcha ni tan siquiera planes de contingencia. Hay una quiebra dramática entre los objetivos que nos fijamos y los medios que realmente arbitramos para conseguir esos fines que calificamos como valiosos, justos y necesarios, incluso urgentes y vitales. Siguiendo con la idea de Byung-Chul Han, nadie pone en duda que en el ámbito sanitario la escucha es imprescindible, que es un requisito básico de la humanización de la relación asistencial. Entonces los profesionales van y me preguntan, con razón, que cómo van a poder seguir esa directriz, si tienen que atender 50, 60 o 70 pacientes en una jornada.

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