Don Albert se hace mayor


Debo confesar y confieso que el «cordón sanitario» que Albert Rivera le quiere hacer al PSOE me pareció un error. Un partido de centro, el único que probablemente puede recibir ese nombre, no puede vetar a ningún otro partido no extremista que se mueva en el marco constitucional. Desde el momento en que lo hace, se sale de la centralidad, queda enmarcado en el bloque conservador, y justifica las críticas que hubo a la famosa fotografía de la plaza de Colón. Soy además del criterio de que los pactos y vetos para la formación de gobierno no se explican antes de las elecciones: se hacen después, con los resultados en la mano. Quizá un apoyo a Pedro Sánchez -si Sánchez fuese el ganador y lo necesitara- sería la única forma de evitar eso que Albert Rivera teme: un nuevo entendimiento con los independentistas.

El señor Rivera, naturalmente, piensa todo lo contrario. Piensa que Sánchez, sin su respaldo, quedará retratado en su desnudez ante los independentistas, esos que el entorno de Rivera y otros muchos entornos llaman «golpistas». Piensa también que él es la auténtica alternativa a Pedro Sánchez y pelea por ser reconocido como tal y dejar de ser el eterno partido bisagra. Las encuestas de intención de voto no lo desmienten. Piensa que está en condiciones de discutirle a Pablo Casado el liderazgo del bloque conservador. Y, aunque esto es ya una suposición, debe tener estudios y análisis que lo llevan a un giro que, por el momento, es una de las mayores novedades de la precampaña.

Dicho en otras palabras, Albert Rivera quiere ser políticamente mayor y abandonar el papel de actor de reparto que le han otorgado en esta película. Está en su derecho y quizá tenga razón, no se lo voy a discutir: si ha llegado la hora del relevo, ha llegado para todo, para las personas, para los partidos y para las instituciones. Los votantes quizá se aclaren un poco más, porque hasta ahora no sabían si al votar Ciudadanos votaban al tripartito de Andalucía o votaban a Susana Díaz. Ahora, por lo menos, saben que si votan a Rivera pueden estar votando a un candidato dispuesto a renovar el pacto andaluz en el gobierno del Estado. Unos estarán encantados y otros alarmados. Es el riesgo que tiene que asumir quien se dedica a la política y se somete a unas elecciones.

Solo queda una duda: qué ocurrirá si Pedro Sánchez gana, pero solo puede ser investido con los votos independentistas. ¿El señor Rivera se atiene a su compromiso y condena al país a una nueva etapa de dependencia de los soberanistas catalanes o se desdice y permite un gobierno plenamente constitucionalista? Comprendo que Rivera no lo pueda decir ahora. Pero comprenda él que eso es exactamente lo que se juega en este proceso electoral.

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