Évole es «pura actitud»


Los micrófonos abiertos a destiempo han ruborizado muchas veces las mejillas de los políticos al revelar en público que aquello que dicen no siempre coinciden con lo que realmente piensan. En el último programa de Jordi Évole, un micrófono conectado puso de relieve lo que el sector de la política opina sobre un programa como Salvados. Fue un asesor de Inés Arrimadas, consciente de que la diputada de Ciudadanos llevaba puesto un aparato de escucha, quien le marcó a la política la pauta a seguir durante su cara a cara con Irene Montero: «Este tipo de formatos son pura actitud», subrayó el ayudante, que matizó esta idea como si definiera no el fundamento del entretenimiento televisivo, sino el propio ejercicio de prestidigitación de la política: «La gente al final se queda con qué bien lo explica, aunque no me estoy enterando de nada de lo que dice. No me he quedado con un dato ni un porcentaje, aunque lo explica muy bien».

Con Arrimadas y Montero Jordi Évole volvió a proponer una nueva entrega de esos cara a cara que se han convertido ya en un clásico del programa, aunque en esta ocasión la química no ayudó. La actitud de las diputadas de Ciudadanos y Podemos consistió en levantar entre ambas un muro invisible en el que el único punto en común pareció ser la afición de ambas por la música de Extremoduro.

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