Dunning y Kruger describieron un tipo de sesgo cognitivo que explica el sentimiento de superioridad intelectual que mucha gente muestra frente a determinados temas, superioridad que está además muy por encima de la de los especialistas en dicho tema. Vamos, aquello de «la ignorancia es atrevida», pero en plan formal. Decían que «la sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo», mientras que «la infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás». Y así es como esta suerte de meta-ignorancia (término este paradójicamente ‘inteligente’) se manifiesta cada vez más en nuestros días. Unos sociólogos estadounidenses publicaron un interesante estudio relacionado con los movimientos antivacunas. Más de un tercio de los entrevistados opinaba que sabía tanto o más sobre las causas del autismo que los expertos. El análisis indicaba que la sobre-confianza era mucho mayor en aquellos con un conocimiento muy pobre de las verdaderas causas de la enfermedad. Observaron que la sobre-confianza se asociaba con actitudes de mayor oposición a las políticas de vacunación. Los autores concluyeron que el efecto Dunning y Kruger (DKE) explicaba en buena medida estos resultados. Ser meta-ignorante en temas futboleros, por poner un ejemplo, quizá no tenga consecuencias más allá de las típicas discusiones de bar. El tema de las vacunas es, sin embargo, de vital importancia: mientras el lector lee este discreto texto, mueren en el mundo cientos de niños por enfermedades prevenibles con una simple vacuna. Por poner un ejemplo sociocultural y temporalmente cercano, Washington acaba de declarar la emergencia sanitaria tras un peligrosísimo brote de sarampión que ha afectado a docenas de niños no vacunados; el mismo virus que mata docenas de niños en Europa debido a sus múltiples complicaciones (neumonía, encefalitis, etcétera). En España hemos importado del mundo anglosajón las «divertidas» fiestas de la varicela y del sarampión (fox and measles parties), esas en donde los padres ofrecen a sus hijos piruletas infectadas ¡Que bárbara demostración de meta-ignorancia! Esto del DKE me recuerda que, en mi niñez, un conocido del barrio, «agudo coma un allo», y vacunado ya con las lecciones que enseña la calle, afirmaba estar «carcomido por el bicho de la ignorancia». Y sí, el mejor antídoto contra el germen de la meta-ignorancia radica en un buen programa formativo, obviamente depurado de toxinas y post-verdades.