Números y familias


Esta semana le he dado muchas vueltas a eso que llaman el «sesgo de confirmación» y que, resumiendo mucho, se podría definir como la capacidad que todos tenemos para ver -y sobreestimar- los hechos que confirman lo que pensamos y para ignorar los que lo contradicen. Por ejemplo, se tiende a considerar muy inteligente a quien dice lo mismo que piensa uno. Y al revés. Bueno, pues me preocupó que mi sesgo de confirmación se hubiera disparado, porque toda una serie de datos que se han ido haciendo públicos en los últimos días parecían confirmar abrumadoramente lo que pienso sobre la crisis de la familia.

Primero fueron las estadísticas de víctimas de violencia de género: descendió entre las parejas casadas, que son el 85,5 % del total y registraron el 22 % de los casos de violencia contra la mujer. Las de hecho llegan casi al mismo porcentaje de víctimas, aunque apenas representan el 14,5 % de las parejas. Luego se publicaron los datos de la renta mínima: el perfil del receptor dibuja a una mujer de entre 35 y 54 años, con hijos a cargo en régimen monoparental. Y finalmente el incremento disparatado de los ataques machistas entre menores: en Cataluña, según El Periódico de ayer, crecieron el 45 % entre 2016 y 2018. Dato subrayado por la decapitación de una chica de 17 años a manos de su novio de 19 el miércoles en Reus, o por la historia de la chica de 20 castigada por su novio en un zulo de O Porriño, que se conoció también la última semana.

Puede que se trate de una activación loca del sesgo de confirmación, ya digo, pero los datos parecen apuntar todos a lo mismo. Ayudará poco ignorarlos o desdeñar su desmentido de algunos mantras de la doctrina de género.

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