Obsceno circo mediático


Hace ya mucho tiempo que ciertas televisiones han convertido la información de sucesos en un lodazal de morbo y sensacionalismo. Les da igual que las víctimas sean menores como Julen, Mari Luz Cortés o Gabriel. Todo vale. El obsceno circo mediático que han montado con la tragedia del niño de dos años caído fatalmente en un pozo es un paso más. La responsabilidad no es de los reporteros que han seguido minuto a minuto lo que sucedía -y no sucedía- en Totalán, sino de los máximos responsables y las estrellas de las cadenas, que han emprendido una inmoral carrera por conseguir más share, en la que se han saltado las más elementales normas deontológicas del periodismo. Repetidas imágenes del dolor insoportable de unos padres rotos, saturación informativa asfixiante que ha consistido en repetir lo mismo una y otra vez hasta la exasperación, ventanas de directo abiertas en la pantalla durante todo el día, tertulianos sabelotodo que no saben nada, especulaciones, detalles escabrosos y bulos han creado un estado de ansiedad colectiva y vulnerado el derecho a la intimidad y a la propia imagen de los familiares. Desgraciadamente, era obvio que Julen no podía estar vivo, pero a algunos les interesaba que los espectadores creyesen que podía producirse el milagro para mantener la tensión y aumentar la audiencia. Los buitres carroñeros no van a soltar la presa y seguirán utilizando a Julen aún después de muerto. Hasta que encuentren otro caso mediático. El show debe continuar. Todo por el negocio. Este gran carnaval que ya anticipara el maestro Billy Wilder en 1951, multiplicado ahora por las nuevas técnicas televisivas, contrasta con el trabajo abnegado de los mineros que se han arriesgado para recuperar a Julen.

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