Asistimos a una situación industrial y social compleja y difícil en la que la energía es un elemento clave de competitividad para nuestra industria gallega, española y mundial. Bien es cierto que no es una situación nueva, es una situación que debiéramos haber planificado mucho antes y mucho más rigurosamente. El sector industrial necesita un pacto de Estado sobre energía.
Un país como España y en nuestro caso una región como Galicia no pueden estar permanentemente amenazados por un elemento que a día de hoy es cambiante y que probablemente lo sea por mucho tiempo, la energía, y que puede provocar, en el peor de los casos, consecuencias dramáticas para la industria. El eventual pacto de Estado debe establecer una estrategia energética clara y un modelo estable y predecible respecto al suministro y al consumo energético.
No hay que escapar de la posibilidad de reflexionar y debatir sobre la conveniencia de una tarifa eléctrica gallega, la solidaridad territorial nacional no debe ser impedimento para valorar nuestros recursos y aprovechar de una manera racional esta posible ventaja competitiva para la industria de Galicia, sabiendo del excedente productivo existente.
El caso de Alcoa se puede convertir en un drama y las administraciones deberían ayudar a mitigar sus efectos pero pensando en el largo plazo, como se deben establecer las políticas industriales. Sabemos que en nuestro sector metal gallego hay otras empresas que se verían motivadas en sus inversiones si conseguimos una imprescindible reducción del coste energético. Además, tenemos capacidades territoriales únicas para potenciar las energías renovables. Debemos impulsar la industria eólica terrestre e ir creando las condiciones adecuadas para implantar la eólica marina cerca de nuestras costas: es indiscutible, técnica y empresarialmente valorado; no tiene impacto visual ni impacto medioambiental, es una industria defendida y auspiciada incluso por organizaciones protectoras del medio ambiente y que ya está avanzando de manera imparable en Alemania, Reino Unido o incluso en Portugal.
Es imperioso trabajar para recuperar el tiempo perdido, las estrategias no establecidas para conseguir un nuevo modelo energético español y gallego. Pero también las empresas deben trabajar con conciencia social planificando los diversos escenarios posibles.
El mundo ha cambiado y las decisiones empresariales deben ser ágiles pero siempre justas y basadas en razones de competitividad y no especulativas. Es necesario el pacto de Estado sobre energía y no hay ningún partido o sensibilidad política o ciudadana que pueda estar en contra de ello. Debemos ser rigurosos y responsables con el futuro de nuestra sociedad y para ello necesitamos ser competitivos industrial y empresarialmente. Los ciudadanos agradecerán el esfuerzo eventual de nuestros gobiernos por garantizar la viabilidad de nuestra calidad de vida y de nuestra sostenibilidad como país.
La sociedad no debe quedarse inmóvil ante un cierre de las plantas de Alcoa, no solo por la destrucción de empleo directo e indirecto sino también porque nuestra estratégica industria del aluminio gallega perderá un factor de competitividad claro. Nuestras empresas de extrusión de perfiles de aluminio, anodizados, carpinterías metálicas, cerramientos, etcétera, engloban a más de 9.000 trabajadores en Galicia, ellos serán también claros perjudicados por una decisión de cierre. Hay que abordar de una manera decidida la estrategia energética.
Es de justicia valorar los apoyos públicos proporcionados y exigir decisiones empresariales acordes con el esfuerzo de un territorio; sin duda también es de justicia que la empresa ayude a buscar una solución para la actividad de las factorías -quizás un inversor-, y lo es además porque hablamos de empleos indirectos, es una cuestión de calado para Galicia; los ciudadanos, los trabajadores y empresarios industriales lo agradeceremos.