Extremos


Escribía Víctor Lapuente el pasado día 8 que el éxito de la nueva derecha radica en que antepone lo moral a lo material. Y concluía su columna en El País: «Los partidos tradicionales han menospreciado el cultivo de las virtudes cristianas o patrióticas. Los populismos, nacionalistas o independentistas, se han aprovechado, ofreciendo una versión deformada del cristianismo y el patriotismo. Pero, por incomparecencia del resto de los partidos, los votantes ya no tienen otros ideales de trascendencia más inclusivos».

Visto lo ocurrido esta semana, pueden añadirse otros factores. Por ejemplo, la capacidad de dar voz a quienes habían sido aplastados por el discurso de la corrección política. No se atrevían a hablar y ahora se sienten algo liberados. Han visto que no están tan solos. Por ejemplo, se ha reabierto la discusión sobre una la ley de violencia de género que siempre se ha considerado muy problemática entre los juristas, pero que no se podía matizar en público sin riesgo de lapidación inmediata en medios y redes. Ha saltado por los aires la vieja táctica de decir que «es necesario abrir un debate» y cerrarlo para siempre cuando ya no interesa, como hace la vicepresidenta en un tuit del día 4: «Existe una violencia y desprecio específicos contra las mujeres y niñas, se llama machismo y patriarcado en todo el mundo. Nadie puede enmascarar esa realidad sin cometer una grave y miope injusticia contra más de la mitad la población. Esto no tiene debate, ni un paso atrás».

Si no queremos que prosperen determinadas posiciones, conviene evitar los extremos contrarios, que las excitan, y mantener siempre abierta la posibilidad de debatir sin estigmatizar ni imponer, racionalmente.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
22 votos
Comentarios

Extremos