«La voz» suma y sigue


Hay que reconocerle a Antena 3 el mérito de haber sabido crear un estado de sugestión colectiva entre los espectadores de La voz para que percibieran como novedad el estreno de un programa ya veterano entre los concursos de talentos mundiales. Alojado ahora en una nueva cadena y en un plató más grande y reluciente, el programa cambia para seguir siendo igual que siempre.

El reality es, como hasta ahora, un ingrediente que ocupa más minutos que los prodigios vocales. La filosofía quedó clara desde el primer número, cuando la hermana pequeña de una aspirante pudo conocer en persona, hipando de ansiedad, a su ídolo, Luis Fonsi.

 Hay caras nuevas en pantalla. Todavía cuesta creerse el almibarado arranque de la presentadora, la misma Eva González que veinticuatro horas antes despedía en otra cadena la semifinal de MasterChef Junior invitando a ponerle «sabor a la vida». Y el nuevo equipo de jueces, a los que insisten en llamar coaches, llega dispuesto a demostrar que ellos seguirán siendo los verdaderos artífices del espectáculo, especialmente ahora que, para animar la noche, pueden bloquearse entre sí.

Pero lo más innovador para las costumbres españolas es que ahora las galas no son más ágiles, pero sí más breves. Poco después de la medianoche, sus cuatro millones de seguidores pudieron irse a la cama.

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