Situar encima de la mesa de negociación un asunto tan doloroso como el de esta violencia es de una crueldad inconcebible
Creíamos tener medio resuelto el gravísimo y vergonzante problema de la violencia machista y resulta que estamos peor que al principio. La llegada de unos extremistas alocados al parlamento andaluz y las ansias de gobernar de los de enfrente, están poniendo en grave riesgo la lucha contra esta violencia cuya ley fue aprobada por unanimidad en el Congreso y renovada no hace mucho en un pacto de Estado. Y es que cuando nos creíamos una sociedad madura y muy propia del siglo XXI nos damos cuenta de que estamos a punto de dejar el Neolítico.
Con la violencia machista no se juega. Ni puede servir, en una sociedad civilizada, como moneda de cambio de nada y mucho menos de la presidencia de una comunidad autónoma. La violencia machista es una de las mayores vergüenzas que arrastramos cada mañana y que cada año nos deja en torno a medio centenar de muertas y decenas de miles de denuncias. Quien negocia con esta lacra social está siendo cómplice de una inmundicia a la que el tiempo se encargará de pasar factura.
Esos hombres y mujeres, o lo que sean, que el 2 de diciembre le alegraron la mañana al Ku Klux Klan, y quienes les realizan concesiones para ocupar el sillón, deberían de decirles a sus votantes, cuántos hombres fueron asesinados a manos de sus mujeres o exmujeres y cuántos fueron violados o agredidos sexualmente. Y de paso explicarnos a todos cómo es posible que casi el 100 % de las agresiones sexuales sean de hombres. Y quien no lo ve no es que sea un machista; es que es un descerebrado.
Por eso, no ya realizar concesiones, sino solo el mero hecho de situar encima de la mesa de negociación un asunto tan doloroso como el de esta violencia es de una crueldad inconcebible. Un juego despreciable. A no ser que pretendan que la mujer vuelva a estar a los pies del hombre, alejada de la vida pública, dedicada en exclusiva a las tareas domésticas, al cuidado de los hijos y a dar satisfacción al marido. Que, visto lo visto, es lo que buscan.