Primera muerta, ¿España viva?


Al 2019 le tiemblan la letra y la Vox. Con dos días y unas horas de vida, primera mancha en la agenda. Amenaza con iniciar un recuento. Aquí yace la primera víctima de una violencia arrogante, con brecha de género, de ese tipo de violencia que es en verdad la forma más cobarde y mentirosa que tienen aún algunos hombres de imponer su voluntad sobre una mujer. Se ha escrito un crimen, con alevosía de años y un reparto de roles y de cómplices, unos protagónicos, otros secundarios. El de la mujer asesinada a puñaladas por su novio en Laredo (ese del que, dicen, estaba en trámites de separación y que tuvo el «honor» de entregarse tras quitarle, con la vida, la libertad de decidir, de amar, de no amar, de ver crecer a su hija) es el primer crimen del año. Pero hace pensar en muchos otros, y en palabras, en ese «Un home ten que facer o que ten que facer» que pronunció en un alarde retórico el autor del crimen de Cabana tras matar a su mujer, o en el «Métame en prisión, no me deje salir, que lo volveré a hacer» del asesino de la joven Laura Luelmo.

El primer crimen machista del año nuevo ahonda una herida vieja, común, social, un mal que a veces niega su diagnóstico, que tiene una educación falaz de fondo que una parte queremos curar, otra se resiste a ver, y otros parecen incluso querer resucitar.

Rebeca es la primera muerta de ¿una España viva? ¿Cuenta igual para, según qué partidos e ideologías, como víctima de la violencia machista en España una joven dominicana? El show de Truman de la política nos aturde; en tiempos de dudoso futuro el pasado es un valor al alza, un refugio donde sabemos, al menos, qué es lo que hay, qué se cuece, qué pasa. Y esta seguridad es para algunos un hogar muy confortable. Pero las consecuencias son graves. Pocos se preguntan qué tipo de vida, de sociedad, de mundo, quiere Vox, ese «medio al servicio de España» al que impele la épica patriótica al estilo Trump y que se muestra dispuesto a tumbar el pacto de Estado contra la violencia de género. Sabemos qué quiere, y es lo mejor, que no engaña, que va de cara, que no flojea... y puede ser para las mujeres una cruz. El futuro al que mira Abascal es historia. Vox quiere dejar «fuera las leyes ideológicas», quiere hacer otra vez grande a España, alzar la voz para dejar las cosas claras y a la mujer... ¿con la pata quebrada y en casa?

El 2018 se cerró con 47 muertas a manos de sus parejas y exparejas, como el año menos negro en quince, con un movimiento por la igualdad que ha dado pasos de gigante y coronado un Everest el 8-M.

Nos queremos libres. Nos queremos vivas, en España, en un mundo donde la igualdad crezca sin fronteras.

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