La Navidad del explorador

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

Kazimerz Nowak pasó la Navidad de 1933 en una tienda de campaña en medio del camino entre Zambeze y Bulawayo. Había salido de su casa en Poznan (Polonia) dos años antes, y se dirigía al sur del continente africano. El día 24 de diciembre de 1933 hacía un calor de justicia en el África profunda, y el polaco, rodeado de baobabs, echaba de menos la nieve y el frío, el olor de los abetos. Estaba a punto de adentrarse en el desierto del Kalahari, aquel que había atravesado Livingstone en 1849. Nowak había decidido atravesar África de norte a sur en bicicleta en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, cuando los fascistas italianos estaban en la Tripolitania y los alemanes en Tanzania. Quería alcanzar el cabo Agulhas, el Finisterre del sur, el punto más meridional del continente negro, y lo lograría el 1 de mayo de 1934. Entonces decidió regresar por donde había venido. Tardaría otros dos años y medio, llegando a su casa el día de Nochebuena de 1936. Estaba extenuado y murió un año después. Casi 60 años antes, el portugués Alexandre de Serpa Pinto, que quería explorar las tierras entre Angola y Mozambique, pasó la Nochebuena de 1877 en una tienda de campaña a las afueras de Quilengues, casi en el inicio de su viaje, con unas fiebres altísimas. Echaba de menos a su hija que al día siguiente celebraba su cumpleaños en la lejana Lisboa. La Navidad del aventurero siempre me ha inspirado una cierta melancolía casi metafísica. En fin, tonterías.