Cuando un hombre le pega a una mujer, puede hacerlo de muchas formas, advierte la iraní Golnaz Hashemzadeh Bonde. «Era como si su rabia fuera infinita y, una vez liberada, no hubiese forma de contenerla», relata uno de los éxitos que golpean el escaparate de libros, cada vez con más hueco para historias que rompen la conspiración de miedo y silencio que agosta la lucha contra el maltrato.
Lo que fuimos es cruda, durísima, implacable, una novela por la que hablan miles de historias reales de violencia, sangrante como las últimas cifras que ofrece el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género. En Galicia se contabilizaron 1.784 denuncias por violencia de género en el tercer trimestre, un 12,3 % más que en el mismo período del año anterior. Son datos como heridas, datos que tienen puños y coartadas, hijos, familia, una herencia del significado del amor y las relaciones detrás. Y varias lecturas; una primordial para acabar con el recuento: hay que contarlo. Y otras necesarias para tomar aliento, que mueven a cambiar el chip y el cuento. Son verdad en forma de relato, cómic, poesía o novela. Senlleiras, de Antía Yáñez; Las hijas de Antonio López, de Rebeca Khamlichi, o El encaje roto, de Pardo Bazán, son armas para mirar de frente a la violencia. Y no dar un paso atrás.