Descifrando moléculas


La molécula de agua se crea al enlazarse dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, pero no se colocan en fila india, sino formando un ángulo, haciendo algo así como una V. Si los tres átomos se colocasen en línea recta, las propiedades del agua serían muy diferentes. En una molécula son tan importantes los átomos que la forman como la estructura espacial con la que se colocan. La de agua es muy simple, pero hay otras formadas por cientos o miles de átomos, cuyas estructuras son por lo tanto de lo más complejo. Descifrar esa estructura es clave para saber cómo se va a comportar la sustancia que forman, algo vital para la industria farmacéutica a la hora de diseñar nuevos medicamentos. La manera habitual de descifrar esa estructura es conseguir apilar una inmensa cantidad de moléculas de manera regular (hasta llegar a hacer algo como un cristalito visible con nuestros ojos) para luego alumbrarla con rayos X. La estructura se deduce, por así decirlo, a partir de los reflejos que se obtienen. 

El problema es que apilar millones y millones de moléculas para conseguir ese cristalito es algo que puede llevar meses, o incluso años: inviable fabricarlos. Un auténtico cuello de botella que hace que en la práctica se descarte el estudio de tres de cada cuatro potenciales medicamentos. Hace unas semanas se consiguió abrir ese cuello, al obtener un método que descifra la estructura de moléculas con solo alumbrar pequeñas cantidades de ellas. Una noticia que no ocupó portadas, pero créanme que ha sido de lo más importante del año.

Autor Jorge Mira

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