Era una tentación demasiado fuerte como para resistirse a ella. La combinación de mercado navideño en el centro de Estrasburgo y la concurrencia de ciudadanos dispuestos a disfrutar de su ocio resultó irresistible para Cherif Chekatt, viejo conocido de las fuerzas de seguridad francesas y germanas, así que no dudó en lanzar un ataque con una pistola y un cuchillo. El resultado: tres muertos y seis heridos muy graves. Nacido en Estrasburgo hace 29 años se dedicaba a la delincuencia a pequeña escala como muchos jóvenes de origen magrebí, carne de cañón del fracaso escolar y profesional, sin oficio ni beneficio y residentes en barrios periféricos en donde la esperanza de progreso es prácticamente inexistente.
Chekatt estaba registrado en el Fichero S de las personas consideradas peligrosas para el Estado francés por su vinculación con elementos radicales islamistas. El que fuera conocido y vigilado por los servicios de inteligencia ha facilitado las críticas por parte de la extrema derecha de Le Pen, que exige la expulsión de todos estos elementos. Más de 20.000 personas, de las que 12.000 son realmente de interés, a las que no se puede estar vigilando de manera constante puesto que requeriría una inmensa cantidad de medios y efectivos. Imposible la seguridad plena, si bien quizá un trabajo más intenso en las cárceles pudiera prevenir la radicalización.
Y es que fue allí donde Chekatt entró en contacto con elementos radicales que le hicieron creer que matar y morir por la causa de Alá le granjearía el perdón por todos sus pecados y malas acciones anteriores. El borrón y cuenta nueva que supone volcarse en la fe dio sentido a su vida. Los sermones de los líderes religiosos le hicieron creer que la culpa de todos sus problemas y de los musulmanes son consecuencia de la actuación de los infieles y por eso es preciso eliminar a cuantos más mejor, sobre todo, ahora que el Estado Islámico está prácticamente desmantelado en Irak y Siria. Un error y un horror.