De postureos

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

Cuando se encienden las luces de la Navidad que cada año iluminan antes las ciudades y las guirnaldas de los escaparates presagian el buenismo que viene a instalarse durante un mes largo en el corazón de las múltiples oenegés que emergen en el todos a uno, recordándonos a la cerillera de Charles Dickens, contemplamos el mundo con otra mirada y nos asalta entonces la tentación de invitar a un pobre a nuestra mesa navideña.

Los buenos propósitos y el ataque de postureo colectivo que nos invade de modo repentino nos obliga a revisar nuestra actitud ante los nuevos desafíos que van a modificar nuestro comportamiento y que nos obligan a comulgar, como se decía antes, con ruedas de molino, y nos resignamos a darlo todo por la defensa del medio ambiente y sin análisis critico decidimos cambiar nuestro automóvil de combustible fósil, de derivados del petróleo, por uno eléctrico o de hidrogeno o de lo que gusten mandar los que dirigen el cotarro; y sumisos, sin detenernos en los estudios inexistentes, obedecemos sin rechistar.

Lo correcto es apasionarse con el argumento universal del cambio climático, y aplicar un unánime nemine discrepante que nos impide cuestionar, o al menos debatir consignas, en los tiempos en que se ofertan al consumidor un permanente Black Friday para apuntalar un consumo que comienza a mostrarse ya algo alicaído.

Ahí están Amazon y Alibaba, por citar dos colosos que, desde Internet, dictan lo que debemos consumir, cómo y cuándo.

Cuanto mas libres parecemos más nos cercan de prohibiciones, aparentemente menores pero que van mermando nuestras libertades.

Somos el paradigma del hombre sometido al mayor de los controles coercitivos, los mas indefensos, instalados en un modelo de comportamiento colectivo que uniformiza nuestro modo de vivir.

Estamos vigilados desde el bolsillo de nuestra chaqueta por un teléfono inteligente que da cuenta y razón -¿a quién?- de lo que hacemos en cada momento y que va guiando y contando nuestro pasos y llevándonos con nuestro consentimiento, poniendo las bases de un control total personalizado que nos despersonaliza.

Y en esta relación somera de postureos varios habrá que añadir el mensaje equivoco del mundo cultural en claras vías de fin de ciclo, la manipulación de las modas informativas, las fake news que llegan en forma de sunamis, el cambio de modelos de los dirigentes políticos (Macron, Troudeau, Salvini, Rivera, Casado o Iglesias) en una clara reivindicación por la juventud y la condena de la gerontocracia hasta ahora consolidada en el poder y la amenaza pública (que viene Vox) de las nuevas lecturas del fascismo y otros males equivalentes.

Es algo que va mas allá del postureo inicial que nunca lo vimos como una amenaza. Lo es en estas vísperas de un mundo no se si nuevo, pero sí distinto.