Ados días de formar gobierno, empezó el particular infierno de Pedro Sánchez. Dimite uno de sus ministros. Poco después, la ministra de Sanidad. El Gobierno lanzó la orden: aquí no dimite nadie más y las elecciones serán a final de mandato. Punto. Entraba conscientemente en el Infierno, el mismo que cruzó Dante para llegar al Purgatorio y después al Paraíso. Poco importa lo que suceda en España. Sánchez se ha aferrado al cargo como a hierro ardiendo. Y no puede soltarlo. Se lo impide su carácter y los flamígeros que lo aplauden contra viento y marea. Acuciados por la oposición y por sus aliados, traza el PSOE una estrategia delirante: propuestas de gran calado sostenidas por 84 diputados. A los mejores analistas políticos les parece una locura. Pero los asesores de Sánchez, con Tezanos y Redondo a la cabeza, marcan su rumbo. Juegan a todo o nada con la esperanza de que la moneda del azar caiga de su lado. Aunque, ciertamente, el riesgo de quedarse con un palmo de narices es cada vez más elocuente.
Sacar de la noche a la mañana estas propuestas semeja un desvarío: el pago de las autovías, la desaparición de vehículos de combustión en dos décadas, la subida del diésel, la subida de impuestos a las clases medias, reforma del sistema educativo bajando aún más el listón de la exigencia y excelsitud docentes, la descomposición ministerial por mor de las sociedades instrumentales cuando antes dijiste lo contrario, cierre inmediato de las térmicas (que vaya Gonzalo Caballero a pedir el voto a Meirama y As Pontes), la resurrección de Franco, no convocar elecciones y gobernar con los presupuestos del PP... ¿Sigo? Parece un delirio. No lo es. Con toda esta batería de desatinos el Gobierno persigue otros objetivos. En primer lugar, que se saque del foco de la actualidad la cita clave, Andalucía: sus elecciones y sus ERES y su paro. ¿Saldrá indemne Sánchez? ¿Qué es salir indemne? Que continúe gobernando Susana Díaz para enterrar el caso de corrupción política más grotesco de la historia de España. En segundo lugar, con tanto disparate se pretende tensionar la política: así se visibiliza la extrema derecha, en la figura de VOX, lo que sin duda favorece al PSOE. Hasta aquí el guion de los asesores de Sánchez. Vayamos a lo que puede suceder.
Puede suceder que tus socios te abandonen, porque ellos tampoco son tontos y ven que cada día que pasa su voto fiel (la izquierda dura) se acercará a Sánchez, defensor de la tierra y luchador contra el cambio climático, aunque luego viaje doscientos kilómetros en avión. Que tus pocos votantes empiecen a preguntarse si en realidad el presidente ha perdido la razón. Que la economía se vaya al garete. Que el paro aumente. Que Bruselas te tire de las orejas. Del infierno Dante salió. Pero Pedro Sánchez no tiene el talento de Dante. O sí.