No está muerto. Tiene casi noventa años. Pero es necesario escribir ya de él. Subrayarlo. Es uno de los mejores escritores de relatos del mundo. De su gremio, casaría con la desesperanza del austríaco Thomas Bernhard. Si fuese pintor, es fácil, sería Münch, su compatriota. El grito. Si fuese filósofo sería Schopenhauer o los latigazos de las frases de Ciorán. Y es Kjell Askildsen nos habla de la verdad. De lo que somos cuando vienen mal dadas, que es casi siempre. Lo suyo no es un mundo de confeti para celebrar cumpleaños. Lo suyo es contar con una precisión tremenda y una economía de lenguaje lo que sucede cuando se cumplen muchos años. Lo solo que se está. El frío que se siente. Y peor, el futuro que se presiente. Si fuese cineasta firmaría y filmaría las películas crudas de Ken Loach o del finlandés Aki Kaurismaki, Le Havre, por ejemplo. Un mazazo de realidad. Podría ser también el narrador para esta España absurda de vértigo y vértigos. La editorial Nórdica acaba de publicar sus relatos reunidos desde el 1953 al 1996. Ganó todos los premios escribiendo sobre los perdedores, que siempre somos mayoría, una mayoría silenciosa, pero mayoría. Muchos de sus relatos están en la Red como ejemplo de contar en dos folios toda una saga, las familias, con sus silencios, con sus cadáveres en los armarios, con sus odios enquistados que supuran. El veneno de los pasillos. Uno de ellos, lo pueden buscar, Elizabeth, es tremendo. Uno de sus tomos, Últimas notas de Thomas F. para la humanidad, es tóxico, pero es cierto. Escribe con la punta de un iceberg bien afilado y se nota. Este hombre a sus nueve décadas no necesita quedar bien con nadie, ni quiere que lo inviten a ninguna fiesta. Este hombre cumple con su trabajo de cronista del lado oscuro de la vida, el más habitual, el de la gente corriente que se corta con los cristales rotos de sus corazones pisoteados. Habla de qué sucede cuando vienen mal dadas que, no nos equivoquemos, es la mayoría de las veces. De las horas lentas del dolor. ¿Qué hacemos? Es fácil resumirlo: huir o querer huir. ¿Qué pasa cuando enfermas o cuando vas enfermando? Sus cuentos parecen hechos para la frase mítica de Kafka sobre la literatura: «Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros». Askildsen nos parte en dos el alma, como un fiordo.