El inventor de la nanorrueda


Uno de los signos del avance humano ha sido nuestra capacidad para crear máquinas cada vez más precisas y pequeñas, luchando contra el límite que impone el tamaño de nuestras manos. ¿Cómo de pequeña puede ser una máquina? En realidad, en la naturaleza ya las hay de escala nanométrica: nuestro cuerpo realiza multitud de movimientos a escala molecular para funcionar (un espermatozoide es como un pequeño barco, por ejemplo), pero el sueño era poder fabricar una máquina que funcionase bajo nuestro control.

Ese sueño comenzó a cumplirse en 1983, cuando el grupo del químico francés Jean-Pierre Sauvage consiguió enganchar una molécula en forma de anillo con otra molécula también en forma de anillo: acababa de fabricar el análogo a dos eslabones enlazados de una cadena. Sauvage pronto se dio cuenta de que esos dos anillos enlazados tenían el potencial de ser algo más que una cadena: en cierto modo acababa de montar dos piezas de una máquina, que se podrían mover estimuladas por luz o una pequeña corriente. En 1994, su grupo consiguió que uno de los anillos rotase alrededor del lazo creado por el otro, de una manera que se podía controlar. Acababan de construir la primera rueda de la historia de tamaño nanométrico. Esta línea de trabajo eclosionó desde entonces, con contribuciones espectaculares a cargo de los grupos de Fraser Stoddart y Ben Feringa. En 2016 Sauvage, Stoddart y Feringa fueron reconocidos con el premio Nobel de Química. Les cuento esto porque uno de ellos, Sauvage, estará en Galicia la última semana de noviembre.

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