Hechos y palabras

Carlos G. Reigosa
carlos g. reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

Mariscal | efe

12 nov 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Nos dejó dicho Napoleón Bonaparte que «nada va bien en un sistema político en el que las palabras contradicen a los hechos». Si esto es cierto, y yo creo que lo es, lo nuestro es para hacérnoslo mirar, ya que resulta preocupante. Porque en la política española de hoy los hechos y las palabras parecen haberse divorciado y cada partido nos canta su milonga, mientras por debajo -lo sabemos- se cuecen estrategias más o menos secretas, arriesgadas, extrañas e incluso cabe decir que espurias o inconvenientes. ¿De qué se alimentan estas sospechas? De la actual falta de transparencia de algunas de nuestras fuerzas políticas y de su deseo de anotarse un éxito en la solución de algún enrevesado conflicto, por ejemplo del catalán, en el que tanto se afana el PSOE de Pedro Sánchez.

Un proceso este muy complicado en el que nada se ve mejor que la oscuridad de la supuesta negociación en la que pudieran estar embarcados unos y otros. Rodeados de tanta incertidumbre, es inevitable que muchos ciudadanos miremos hacia atrás en busca del recuerdo de tiempos mejores, de más transparencia y de menos oscurantismo maniqueo. Esto nos está sucediendo ahora porque sabemos bien que, como escribió el buen Albert Camus, «si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo».

Y mucho me temo que ahora nosotros estamos empezando a fracasar. Porque nuestras fuerzas políticas se miran con recelo y trapacean en secreto. Es lógico y natural que todos los grupos políticos busquen el éxito electoral, pero esto no debe hacerse a oscuras ni con ocultaciones engañosas. Por eso es razonable que la sociedad reclame luz y taquígrafos para las negociaciones en marcha (si es que están en marcha) con fuerzas catalanas independentistas u otras.

La oscuridad puede ser buena para iniciar unos contactos, pero no para desarrollar acuerdos estables y rigurosos que puedan contar con apoyos mayoritarios. Martin Luther King rechazaba caminar «en la oscuridad del egoísmo destructivo» y pedía hacerlo «en la luz del altruismo creativo», un consejo que nuestras fuerzas políticas deberían tener muy en cuenta para dignificar nuestros procesos y alcanzar metas solidarias sin egoístas argucias ni ciegos rencores.