7 días por 7 meses


Estos días se ha divulgado que España será en breve el país con mayor esperanza de vida del mundo. Curiosamente, somos un país acomplejado, en el que se nos vende la idea de que hacemos las cosas mal y tenemos horarios anómalos. Lo escucharemos en el debate que nos viene sobre el cambio horario estacional, que se realizará el próximo fin de semana. Para valorar la pertinencia de la medida es de agradecer el contundente informe realizado por Portugal. Indica que, aunque pueda haber molestias los días del cambio (se refiere al paso al horario de verano), una batería de estudios evidencia que dichas molestias van desde los 2-3 días hasta un máximo de dos semanas en los casos más susceptibles. El informe concluye que esos días de transición suponen «poquísimo tiempo» cuando se comparan con las ventajas de los 7 meses del horario de verano, «que en general agrada a la vasta mayoría de las personas». La ventaja no es de ahorro energético, sino del bienestar personal asociado al mejor aprovechamiento del sol. No debemos olvidar que tener una hora de verano y otra de invierno se debe a que el día en verano dura mucho más que en invierno. Forzar a quedarse con uno de ellos todo el año llevaría a situaciones peculiares. Si nos quedásemos con el de verano, en el eje A Coruña?Vigo amanecería entre las 9 y las 10 durante cuatro meses al año (aunque tendríamos una hora más de luz en las tardes invernales). Si nos quedásemos con el de invierno, en Barcelona amanecería antes de las 6 durante cuatro meses al año.

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