Colorear y rielar


En estos primeros días de otoño se disfruta de atardeceres con cielos coloreados de múltiples tonos de rojo. Es el crepúsculo vespertino, fenómeno que ocurre tras la puesta de sol y que también se llama atardecer, anochecer, ocaso. La razón de todo ese colorido está en la difusión de rayleigh de los rayos solares. En el momento de la ocultación, con el sol casi en la línea del horizonte, la luz ha de atravesar una amplia capa de atmósfera. La parte azul se dispersa tanto que desaparece, mientras que la roja se difunde lo suficiente como para percibirla. El disco solar se ve como encendido y las nubes con tonos rojizos porque reflejan la luz del sol. En la madrugada de los días de luna llena la vemos en todo su esplendor. Se dice que la luna riela en el mar, porque rielar es brillar con luz trémula y tenue al reflejarse en una superficie. El uso poético de rielar arranca en la Canción del Pirata, de José de Espronceda: La luna en el mar riela, / en la loma gime el viento / y alza en blando movimiento / olas de plata y azul; / ...

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