Feijoo y la gran jugada

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

xoan a. soler

Cuando hablo de Dostoyevski, el maestro ruso, digo a quien no lo ha leído que lo haga con cautela. O sea, que no se le atragante. Por eso recomiendo la lectura de El jugador antes que cualquier otra novela. Es un relato apasionante, porque en él brotan las pasiones. Definidor, porque uno entiende el «fatum» ruso y la asunción del destino como asunto al que hay que resignarse serenamente. Experiencial, ahora que ya solo triunfan las novelas de experiencia y la poesía de experiencia: qué frivolidad, ¿acaso existe la poesía no experiencial? 

Han confundido el verso con la mojigatería. Pero no quiero hablarles de literatura, me he enfadado con ella. Prefiero la política. En su mala fama, a pesar de todo, encuentras atisbos de brillantez. Jugadas maestras. Eso es lo que buscaba Aleksei Ivanovich, el jugador de Dostoyevski. Y no solo él, también la procuraba Antonida Valsilevna, que se arruina jugando a la ruleta sin haber jugado antes (con «Schz» pasa algo parecido).

Pero no es mi motivo la literatura. Es, al hilo de El jugador, la jugada de Núñez Feijoo. Su remodelación gubernamental es de esas que al principio te descoloca, después asimilas, procesas, digieres, y acabas aplaudiendo. Un estratega de la política como no he visto igual: todo instinto, intuición y olfato. Juega a todo o nada, no se queda en la mitad de las escaleras, porque a los gallegos en realidad no nos agrada ese tópico. Y no es la primera vez que lo hace. Apostó por Elena Muñoz a vida o muerte en Vigo. Y murió. Y por Agustín Hernández en Santiago, y aún está vivo. Y Por Jesús Vázquez en Ourense, y ganará de nuevo. Con Mato y Rey Varela apuesta a todo o nada de nuevo. 

Yo creo que ha acertado, igual que siempre creí que se había equivocado poniendo frente a Abel Caballero a una política de gestión honesta y razonable, suficientemente preparada y eficaz. Pero en Vigo lo que había que poner era a un espejo de Abel: para pelear con él en el barro, único lugar posible. Muy pocos errores y aciertos supremos. Para ejemplo la remodelación gubernamental de estos días. A cualquiera que siga la política solo queda quitarse el sombrero y decir: qué listo el de Os Peares.

Todo se resume en lo que sigue: juventud y dinamismo por un lado (José González y Fabiola García), y por otro una carga política de profundidad: Turismo agigantado. Al frente de Educación coloca a Carmen Pomar, una profesional brillante que pilota proyectos educativos referenciales en el mundo: altas capacidades, educación emocional, proyecto Piteas, talento… proclamo que tenemos la educación más vanguardista de España y de Europa.

Y a su conselleiro más político y con una hoja de servicios excelente, Román Rodríguez, lo refuerza con el Xacobeo y Turismo. Es decir, uno de los buques insignia presupuestarios de la Xunta, Educación, está en manos de una experta con currículo eximio mientras la política queda en manos de Feijoo (con Rueda y Rodríguez en los flancos) para desembocar en las municipales con más vigor que nunca. Es la gran jugada que procuran todos los jugadores. Dostoyevski, que fue un jugador pésimo, la admiraría.