Cualquier buen lector de las aventuras de Astérix (y yo lo soy desde hace muchos años) ha disfrutado con la entrega titulada El combate de los jefes. Abraracurcix, jefe de la aldea gala que resiste aún y siempre a los romanos, es retado por el cabecilla de una tribu vecina a un combate en el que el ganador se convertirá en jefe de las dos. Abraracurcix cuenta, claro, a su favor, para vencer, con la poción mágica del druida Panomarix, que da una fuerza sobrehumana, pero, antes de que el mago pueda prepararle su brebaje formidable, sufre un accidente: Obelix le arrea sin querer un menhirazo, cuya grave consecuencia es que Panoramix pierde la memoria, de modo que, al intentar hacer su poción sobrenatural, cocina una marranada. Y ahí me paro, para evitar hacer spoiler.
Cuando se publicó el primer sondeo del CIS posterior al nombramiento de su nuevo director -Félix Tezanos- era jueves, y su resultado fue tan sorprendente que mi querido Fernando Savater, nos anunció en un correo electrónico a sus amigos la impresión que le había causado aquella encuesta que se apartaba radicalmente de lo que apuntaban todas las demás: Los jueves, milagro, sentenció, rápido, Fernando, acordándose de la desternillante cinta de Berlanga.
Estos días hemos conocido que, según los previsiones del CIS, el PSOE ganaría en Galicia las próximas elecciones generales, convirtiéndose por primera vez en democracia en el primer partido del país. Cuando leí la noticia, de la que La Voz se hacía eco subrayando lo extraordinario de la nueva, no pude por menos que pensar en Panoramix intentando cocinar la poción mágica para garantizar la victoria de su jefe y sacando de la marmita, sin embargo, una bazofia.
A quienes nada saben de encuestas les encanta decir esa tontería de que sus resultados están cocinados y son por eso poco o nada de fiar. No saben en realidad los angelitos que una encuesta sin cocina es sencillamente inútil. El trabajo de campo de un sondeo arroja datos brutos que después hay que tratar y es ahí, en esa indispensable cocina, donde, dependiendo del talento del cocinero, la encuesta logra proyectar, con mayor o menor acierto, y a partir de una muestra siempre reducida, lo que pasa en la sociedad.
El CIS se ha caracterizado desde hace muchos años por la profesionalidad de sus diferentes directores, fuesen nombrados por el PP o por el PSOE, lo que ha dado gran seriedad, entre otras, a sus previsiones de tipo electoral. Y todo ello más allá, por supuesto, de que haya podido equivocarse, porque nadie es infalible, y menos aún en el terreno demoscópico.
Me temo, sin embargo, que el actual director del CIS le pasa lo que al druida Panoramix afectado por el golpazo que Obelix le dio con su menhir. Y que, apurado por alcanzar para el suyo la victoria en el actual combate de los jefes en España, cocina, para decirlo claro y pronto, verdaderas porquerías.