Podes ser feliz vivindo coa demencia, esa foi a miña gran revelación». La entrevista de Cristina Pato, que ofreció este periódico, no podía haber resultado más entrañable y oportuna, ni tener una mayor carga ética. Acabamos de celebrar el Día Mundial del Alzhéimer. Para las personas afectadas, para sus familias y los profesionales que las atienden, lo es todo el año. Se encuentran corriendo una carrera de fondo, llena de obstáculos, en la que es fundamental tener las cosas claras y contar con una mano amiga. Lo sé por experiencia propia. Por eso mismo, comparto punto por punto las declaraciones de la maestra gaitera, pianista clásica y educadora apasionada de Ourense.
La demencia es el paradigma de la dependencia.
Desde el 1 de enero de 2007, fecha en la que entró en vigor, tenemos una ley de la dependencia que, en el espíritu y en la letra, es muy buena; no así en su plasmación concreta y cotidiana pues su insuficiente dotación económica, que viene siendo crónica, obliga a las asociaciones del sector a salir a la calle a reclamar lo que en justicia les corresponde a sus asociados. Con el paso del tiempo, dado el progresivo envejecimiento de nuestra población, el problema no va a hacer sino engordar. Por eso no extraña el lema elegido para este año: Alzhéimer ConCiencia Social.
Hay que poner en el centro de atención los derechos de las personas afectadas, el binomio enfermo-cuidador. Nos lo recuerdan sucesos tan dramáticos como el acontecido en Zaragoza a primeros de mes, que desgraciadamente no es el único ni lo será. No fue violencia de género, tal y como dijo la Confederación Española de Alzhéimer; fue desesperación, soledad e impotencia, provocadas por una falta clara de integralidad en el abordaje del alzhéimer y de sus consecuencias. Los sistemas socio-sanitarios públicos y el conjunto de la sociedad deben ser conscientes de ello. El papel de los medios de comunicación es fundamental en ese proceso: como familiar y como profesional, agradezco la labor que La Voz realiza en este sentido.