Xulio Ferreiro y la viuda Ching

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Con la vergüenza que soportamos cuando miramos hacia Madrid, se nos olvida virar los ojos para contemplar las propias vergüenzas. Impropias, mas bien, porque la macedonia política de las mareas me produce esquivez e indiferencia. Digo «vergüenza madrileña» porque aún me sorprende que haya quien justifica que tengamos un presidente con una tesis doctoral tan execrable. Parece que hay una universidad para los que tienen poder y el resto se dejan la piel para obtener sus títulos. Somos el hazmerreír del mundo académico. Ese mundo donde siguen sin aparecer las universidades españolas en los primeros puestos. No se pregunten por qué. Fíjense, por ejemplo, en la Moncloa y sus paladines. Esos que dicen que la oposición debe pedir perdón. ¿Perdón? Que lo pidan los socialistas por hacernos pasar ante el mundo académico, diligente y culto, este menoscabo. Un presidente con una tesis doctoral infame. Después, convocar elecciones: en eso justificó su moción de censura sin importarle el jaez de sus acompañantes. Dejo Madrid. Vengo a nuestra bellísima A Coruña. Bellísima a pesar de quien la gobierna, que durante meses repitió la misma expresión cuando se hablaba de los pisos comprados por el Ayuntamiento: «Campaña de infamias». Cualquiera que defendiese la dignidad del puesto que ocupa hubiera dimitido estos días. Y el responsable de la concejalía que paradójicamente se denomina Regeneración Urbana. Siempre me pregunté cuál era el fin real de tal concejalía. No quisiera yo pensar que su regeneración consistía en comprar un par de pisos a un colega de sus mareas. Y resulta que la «campaña de infamias» solo se limitaba a contar la verdad. Esa verdad que ha certificado el Consello Consultivo. La infamia tiene su historia. La contó en breves relatos el maestro Borges. Uno de esos cuentos se titula La viuda Ching, pirata. Xulio Ferreiro ya lo habrá leído. Quizá se lo haya recomendado alguno de sus altavoces de la cultura. El caso es que la viuda Ching dejó de ser la viuda para asumir un nuevo nombre: Brillo de la Verdadera Instrucción. Desde aquel día, dice el maestro Borges, «los barcos recuperaron la paz. Los cuatro mares y los ríos innumerables fueron seguros y felices caminos... y se regocijaron durante el día cantando». No seré yo quién le recomiende al alcalde Ferreiro el destino de Ching: retirarse. Aun así estoy dispuesto a explicarle el simbolismo de los cuentos borgianos. Aprendería el significado real de la palabra infamia.