Genio autista único

Manuel Luis Casalderrey
Manuel-Luis Casalderrey RINCÓN ABIERTO

OPINIÓN

Henry Cavendish (1731-1810), excéntrico, tímido y retirado, mal vestido y misógino, fue un científico como la copa de un pino. Obtuvo hidrógeno, sintetizó agua a partir de sus elementos constituyentes (oxígeno e hidrógeno) demostrando que era un compuesto. Su principal aportación a la Física fue la determinación experimental de la constante de gravitación universal (G), mediante la balanza de torsión y, a través de ella, de la masa de la Tierra. Realizó importantes investigaciones en el campo de la electricidad, adelantándose a Coulomb, Ohm y Faraday. Pero no publicó sus resultados.

El biógrafo de Cavendish G. Wilson (1851) dice: «No amó; no odió; no albergó esperanza de ningún tipo; no tuvo miedos; no veneró nada ni a nadie». En su naturaleza no había nada apasionado, entusiasta, heroico o caballeresco. Tampoco había nada mezquino, sórdido e innoble. Carecía prácticamente de pasiones. Era una especie de anacoreta científico con la sensación de estar aislado de sus semejantes.

Oliver Sacks, en su magnífico libro El tío Tungsteno, dice que el distanciamiento y la ingenuidad de Cavendish indicaban autismo o síndrome de Asperger. Sacks considera que la biografía de Wilson es, probablemente, el relato más detallado que tendremos jamás de la vida e inteligencia de este genio autista único, que es Cavendish.