El conselleiro está triste


El conselleiro de Sanidade considera injustas, inoportunas e inadecuadas las afirmaciones formuladas por el Consello Galego de Colexios Médicos a raíz del fallecimiento de un paciente en el PAC de A Estrada. No puedo estar más en desacuerdo. Lo digo como usuario del Sergas y también como profundo conocedor de lo mucho y bien que los profesionales sanitarios han paliado, y siguen paliando, las malas decisiones que los gestores de nuestro sistema de salud tomaron en los últimos años. Echar balones fuera sin autocrítica y despreciar ahora a quienes durante los durísimos ajustes por mor de la crisis estuvieron colaborando firme y decididamente a mantener el ánimo y la paz laboral en el colectivo sanitario, no es una buena práctica. Que tenemos un grave problema de gestión de recursos humanos en nuestra sanidad lo sabe cualquiera: hasta yo me atreví a denunciarlo hace ya más de 13 años en uno de mis libros, que lleva prólogo de Romay Beccaría. Hace falta mucho más, que incentivos económicos, protocolos y sanciones para mantener alta la moral de médicos y enfermeras: hace falta capacidad de liderazgo, inteligencia emocional y escucha activa; y, por desgracia, en la consellería estos ingredientes no abundan. Intentar resolver estas cuestiones con moralina o con un simple postureo me parece inadecuado y contraproducente. Si en una organización no hay una narrativa compartida, no puede existir un destino compartido. Me vienen a la cabeza los versos de Rubén Darío: «La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa? / La princesa no ríe, la princesa no siente; / La princesa persigue por el cielo de Oriente / la libélula vaga de una vaga ilusión / Está presa en sus oros, está presa en sus tules, / en la jaula de mármol del palacio real; / el palacio soberbio que vigilan los guardas, / que custodian cien negros con sus cien alabardas, / un lebrel que no duerme y un dragón colosal».

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