La ventanilla de las exigencias


Hoy se reúne la comisión bilateral Gobierno de España-Govern de Cataluña. Quizá sea un buen invento para desinflamar la cuestión catalana, no lo sé, pero solo escribir su nombre produce escalofrío. Es como si se tratase de un órgano de diálogo o discusión entre dos Estados distintos. Y, como la Generalitat se considera de hecho la Administración de un Estado que se está creando en Waterloo con su consejo de la República y su presidente, probablemente así será «vendido» a la sociedad catalana. Y el hecho de ser estrictamente bilateral provocará el rechazo del resto de comunidades autónomas, que tienen todo el derecho del mundo a considerar que se privilegia a Cataluña.

El resultado de esta bilateral no creo que aporte muchas sorpresas y ojalá me equivoque. El Gobierno central cederá en lo que ya tiene prometido o por lo menos insinuado, como la revisión de recursos al Constitucional, más inversiones y más inmersión lingüística. La parte catalana lleva el asunto de los presos y el derecho a decidir y si no hay avances en esos temas, aplicará la última filosofía de Puigdemont: empezará el tiempo de descuento porque «el período de gracia acaba en otoño». Las reivindicaciones se tomarán vacaciones de agosto, pero su espíritu continúa vivo.

La cuestión es que a esa reunión se llega como a la reunión con los taxistas: una de las partes solo viene a exigir, solo garantiza la concordia si obtiene lo que pretende, la otra parte solo puede ceder. O cesión, o vivir bajo la amenaza permanente. Ese es el endiablado juego en que anda el independentismo que, además, cada día bate nuevas marcas de deslealtad rayana en la traición al amigo: unos días después de sus arrumacos con Pedro Sánchez, «corona» a Puigdemont en un balcón de Waterloo. Al mismo tiempo, la ministra portavoz, Isabel Celaá, declaraba con increíble optimismo que «estamos encontrando reciprocidad en el diálogo con Torra». ¿Qué reciprocidad, señora ministra? ¿Qué reciprocidad, si el día anterior Torra había anunciado que «esta legislatura va del derecho de autodeterminación?» Está claro que el presidente vicario Quim Torra solo tiene una reciprocidad: la que debe a un fugado de la Justicia.

El ventajismo independentista es escandaloso. Y el momento para ponerlo en práctica, el oportuno: cuando sabe que el Gobierno Sánchez lo necesita para sobrevivir. Comprenderéis que, estando las posiciones así, la desconfianza de este cronista ante la comisión bilateral sea gigantesca. Aunque al terminar haya muy buenas palabras. Aunque la portavoz hable de un nuevo clima. Incluso diré más: el Gobierno catalán venderá todo lo que obtenga como un paso adelante en una legislatura que «va del derecho de autodeterminación».

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