No leyeron a Nietzsche


Interiorizar el sufrimiento de los demás tiene un efecto catárquico. Nos ayuda a superar la frivolidad y la rutina con la que solemos vivir nuestra existencia. Nos hace mejores personas. Un mundo sin compasión y sin heroísmo, sin acciones ejemplares, sería bien difícil de habitar. Nietzsche pensaba justamente lo contrario. Consideraba la compasión como una debilidad enfermiza, en el ser humano y en la sociedad, que debía ser erradicada: los débiles y los fracasados deben perecer, decía, ésta es la primera proposición de nuestro amor a los hombres. El filósofo alemán rechazaba frontalmente lo que constituye la humanidad de las lágrimas y observaba con profundo recelo las virtudes de la misericordia, la piedad, la paciencia y la benignidad, que consideraba simples artimañas sentimentales de los débiles para contener a los fuertes.

Seguro que los integrantes de los equipos de rescate internacionales y del cuerpo de élite de la Marina tailandesa no leyeron a Nietzsche. ¡Menos mal! Solo así se explica que hayan logrado evacuar a los doce niños y a su entrenador de fútbol de la laberíntica e inundada cueva de Tham Luang. Final feliz. Pero no del todo: debemos recordar a Saman Kunan, el socorrista que falleció en los primeros días de rescate intentando acercar provisiones a los niños para que pudieran sobrevivir. Estos son los únicos héroes, no los niños y su entrenador, que fueron unos irresponsables. No vayamos a dar el mensaje equivocado.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
32 votos
Comentarios

No leyeron a Nietzsche