Cargo público y carga pública

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Queridas lectoras y queridos lectores: sabréis, porque lo ha publicado este diario y esta diaria, que ha surgido la más insólita propuesta y el más insólito plan de reformar la Constitución española y español. El poder y la poder femenina ha llegado a la conclusión y el convencimiento de que el léxico y la léxica de la ley de leyes es básicamente masculino y, por tanto, machista. Así que está estudiando una nueva redacción y un nuevo texto en que el femenino ocupe el lugar y la posición que le corresponde. Así, donde dice ‘los ciudadanos’ debe decir ‘los ciudadanos y ciudadanas’. Donde habla del rey tendrá que hablar también de la reina, aunque a Leonor le falten unos años para llegar al trono o la trona, y donde habla de los derechos tendrá que poner también ‘y derechas’.

Se veía venir. Creo que fue Ibarretxe quien empezó a hablar de ‘los vascos y las vascas’, y ahora no hay político que se precie que no diga ‘trabajadores y trabajadoras’ o ‘vosotros y vosotras’. Si se limita a decir ‘trabajadores’ o ‘vosotros’ corre el riesgo de terminar en el escalafón de los machistas. En el acto de promesa del nuevo Gobierno ante el rey -por cierto, no estaba la reina-, los nuevos titulares de cartera ya dijeron ‘Consejo de Ministras y Ministros’ y cualquier día volverá la iniciativa de llamar al Congreso ‘Congreso de los Diputados y las Diputadas’. No veo por qué hay que cambiar el texto de la Constitución y no el nombre de la Cámara Baja.

Al director de la Real Academia Española, nuestro paisano Darío Villanueva, se le nota el terror ante la nueva frontera lingüística. Él entiende que el masculino ha sido siempre y seguirá siendo inclusivo y no tiene por qué dejar de serlo ahora. Y entiende que decirlo todo en masculino y en femenino va contra la economía del lenguaje: no se puede hablar en la calle como quiere Carmen Calvo que lo haga la Constitución. No sé que decirle, señor Villanueva: como los políticos se propongan cambiar la forma de hablar, sobre todo si lo hacen en nombre del sagrado feminismo, veremos cosas, como en el poema del Mío Cid, que «farán fablar las piedras».

De hecho, los políticos han destrozado más el idioma, incluido el gallego, que los periodistas, que ya es decir. Empezar por cambiar el léxico de la Constitución es empezar a lo grande. Y no piensen ustedes ni piense Darío Villanueva que todas son desventajas. Yo veo una ventaja clarísima para empezar el debate: si hay que feminizar todos los nombres en el lenguaje ordinario y en las leyes, que sean en todas y todos. Así, cuando hablemos de un cargo público podremos llamarle también ‘carga pública’. Y lo haremos con toda legitimidad y con un sincero reflejo de mucha realidad.

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