El camino está marcado


Dejemos a un lado que el torturador oficial del régimen percibe un 50 % a mayores de su salario gracias a condecoraciones por su excelente trabajo; dejemos que el ministro Catalá tuvo la atención de firmar la sucesión del ducado de Franco el día antes de dejar su cargo, dejemos los muchos símbolos franquistas que todavía mantenemos, entre ellos el mal llamado Valle de los Caídos, y no entremos hoy en los asesinados que permanecen en las cunetas. Pero la prueba de nuestra incapacidad para cerrar tal lamentable capítulo la tenemos en uno de los símbolos del franquismo. El pazo de Meirás.

Que Meirás fue expoliado lo dicen hasta los libros de historia menos rigurosos. Esos que poco aportan. Porque las 425.000 pesetas que se pagaron por él salieron en su mayoría de las asignaciones de los empleados públicos, por supuesto voluntarias, y de las aportaciones de los ciudadanos, por supuesto, espontáneas. Todo muy libre.

Ahora comienza a verse la luz porque el camino está marcado. Con el informe jurídico de los expertos de la Xunta que, tras reconocer que la operación del pazo fue un fraude, avala que Meirás pase al Estado por haber tenido uso público. Parece que existe una clara posibilidad de recuperar un patrimonio y acabar con uno de los estandartes del dictador. Así que las disculpas para no actuar se les van acabando a quienes tienen la obligación de hacerlo. Porque bastante paciencia tuvimos ya soportando esta indecencia toda nuestra vida.

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