El ocaso del Partido Popular


La sociedad exige y se producen los cambios, pero el sistema mediático de los dos lados nos dice que no. Los políticos enseñan la declaración de la renta desde el 15-M, pero los ministros dimiten en el día de la escandalera desde junio del 2018. Y esto ha situado en el terreno de lo imposible al PP de José María Aznar y Mariano Rajoy al completo, con su clase política de la mano en el fuego, la presunción de inocencia, el aforamiento en el Senado y, en último caso, esa persona que usted me dice. Sin embargo, los jefes de la comunicación de masas nos dicen que este partido está remontando, pero no explican cómo lo consigue porque no tienen ni un solo argumento que pueda sostener esa realidad.

Lo que se termina es el posfranquismo, una cultura política y una ética de lo público que son imposibles en la Unión Europea del siglo XXI. Tan imposibles que se llevan al dictador a algún lugar más discreto, una acción explicativa del papel subordinado del lado izquierdo durante la transición política y el ciclo hegemónico del PSOE (1980-1992), porque ahí ha estado cuarenta años, aunque extraordinariamente didáctica para el elector del lado derecho, porque esta iniciativa del Gobierno obliga a posicionarse a todos los votantes de Ciudadanos, el PP y VOX.

Quedará claro que Franco fue un dictador para el votante de Ciudadanos, partido de la derecha constitucionalista y uninacional, cuyos electores proceden sobre todo del PP, satisfechos con la eliminación de Rajoy, liberales, neoliberales o conservadores. Ciudadanos propone un porcentaje de exclusión del 3 % de los votos válidos en España para entrar en el Congreso de los Diputados, lo que vienen a ser unos 700.000 votos y eliminaría la representación de la nación vasca y dificultaría la de los catalanes; la gallega está repartida entre el BNG y En Marea y también quedaría excluida en el Congreso aun sumada, además de los regionalistas canarios o de cualquier otro lugar. Ciudadanos es la derecha convencional, pero en la misma raya donde empieza la etiqueta antisistema, el lugar donde ha ido a parar Francisco Franco.

Franco es honrado por numerosos votantes del PP y de VOX, considerado incluso el salvador de la única patria que existe en España. Franco es bienvenido en VOX, que además propone la eliminación de las comunidades autónomas y esto defiende mejor que cualquier otra idea la España uninacional, un mercado electoral creciente a partir de electores procedentes del PP.

Alberto Núñez Feijoo nos ha explicado que con la marca PP no se pueden ganar las elecciones generales en España, pero cualquier candidata de ese partido lo será de la clase política de Rajoy, sean novios de la muerte o goleadas a Cataluña. Para decirnos que en España se cumple la ley. Y qué más, porque ni siquiera saben qué hacer con Franco. Lo que significa que, como en Francia, el partido de Rajoy se está quedando con sus electores más mayores, aquellos que votan desde el principio y no van a cambiar de partido al final de su vida. Los demás se repartirán entre Ciudadanos y VOX.

Por Jaime Miquel Analista electoral

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
43 votos
Comentarios

El ocaso del Partido Popular