Tú también eres la jauría


Una de las herencias dialécticas que nos deja Màxim Huerta es «la jauría». Él se considera «una víctima inocente de la jauría». Y añadió: «Me voy para no permitir que el ruido de esta jauría parta el proyecto de Sánchez, que ha ilusionado a tantas personas». ¿Y qué es la jauría? La Real Academia la define así, en su segunda acepción: «Conjunto de quienes persiguen con saña a una persona o un grupo». En la vida política, un alto cargo sobre quien se ceban las críticas se considera a sí mismo un perseguido por ese «conjunto de perros mandados por el mismo perrero», según define también el diccionario. Si, por el contrario, está en la oposición, las críticas, acosos y exigencias de dimisión serían, sencillamente, la opinión pública.

Como mucho, la opinión publicada, sutil matiz que estableció un día Felipe González, cuando también se consideraba víctima de una conspiración mediática. Distinguir, por tanto, entre la manada perruna y los estados de opinión de la sociedad o sus líderes podría ser un buen ejercicio intelectual, pero está claro que solo depende de que el afectado sea perseguido o perseguidor. El PP, por ejemplo, se considera martirizado por un barullo de extremistas e independentistas capitaneados por el perrero Sánchez, que lo hicieron salir de las poltronas de sus madrigueras en una cacería que llaman moción de censura.

Los soberanistas catalanes basan su ideología en agruparse contra los perros españoles que los humillan, los roban y los meten en la cárcel porque tales perros tienen mentalidad franquista.

Del otro lado, se puede decir que todos mis compañeros de páginas en este diario, en cuanto descubren algún fallo en el gobernante, se pueden considerar miembros de la jauría. Y no digamos el editor del periódico cuando se pone a escribir. Que se sepa, no los manda ningún perrero, sino sus propias ideas, pero forman parte de la manada.

Y son temibles, porque pueden denunciar con argumentos, pueden también derribar ministros y banqueros y lo más escandaloso: pueden decir la verdad. Consejo a gobernantes: no caigáis en la tentación de pensar que la opinión pública es la jauría o su pariente más próximo, la conspiración.

Al PSOE le debe estar faltando un telediario para caer. Y cae cuando se piensa que lo de Màxim Huerta puede ser una filtración de Montoro por venganza o que se ha organizado una nueva cacería del nuevo ministro de Agricultura.

Para evitar que los perros se organicen, lo importante es elegir bien los equipos y que los elegidos confiesen previamente sus puntos negros.

Llamar jauría a un estado de opinión es el primer síntoma de pérdida de sensibilidad social. Alguna experiencia les puede contar el señor Rajoy.

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