Vamos mayores

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabares OTRAS LETRAS

OPINIÓN

ESTRELA ALONSO

¿En qué momento nos hacemos viejos? ¿Cuándo empezamos a ser conscientes de que somos mortales y que por aquí andamos un rato que tiende a hacerse demasiado corto? Hace unas semanas, el CIS completaba su retrato periódico sobre los impulsos políticos de los españoles preguntando a partir de qué edad una persona es adulta. La opción más votada situaba la frontera en los 51 años, hilarante evidencia de la inmadurez colectiva en la que andamos que asombraría a nuestros abuelos y que confirma una cierta predisposición general a eludir aquellas cositas que son propias de la madurez, incluidas las que nos convierten en responsables de nuestros actos (¿verdad, Mariano?). En realidad nos hacemos mayores cuando la gente empieza a morirse a tu alrededor. Y ayer se fueron dos personas queridas que el destino ubicó en salas contiguas del mismo tanatorio, el gran negocio de este país menguante. Ana era maquilladora en series de televisión, luminosa y buena. Pidió una bandera anarquista sobre su ataúd y, aunque no era religiosa, su despedida fue la más espiritual de cuantas he tenido la mala suerte de compartir. El estupor de sus amigos fue la mejor prueba de su categoría.

Alfredo era mi amigo, fue mi jefe, mi compañero, un padrino, una persona en cuyos ojos siempre te veías reflejada mejor de lo que eras. Grande y amoroso, con su increíble voz conseguía contagiar la calma que a algunas nos es siempre esquiva. En la vida, y en aquellos añorados universos de las redacciones, en donde había energía y ruido, humo y debate, y en donde los distintos, los singulares, los diferentes eran los mejores de nosotros. Alfredo era la argamasa, el armazón, una evidencia de solidez que no puede haber desaparecido. En días como éste es cuando descubres el vértigo doloroso del paso del tiempo y lo mayor que te has hecho de pronto.