Conflictos y talentos

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La telerrealidad no se había acabado. Tenía vida para rato. Se equivocaban los agoreros que, sabiendo que el primer Gran hermano supuso el nacimiento del género, se apresuraron a pronosticar su ocaso cuando su última edición en Telecinco se pegó un batacazo contra la realidad de la audiencia. La cadena especializada en conflictos humanos exacerbados lanzó después su nuevo Supervivientes sabiendo que se jugaba la propia supervivencia de su gran especialidad. Con los números en la mano, su pericia a la hora de perfilar conflictos es evidente. El público joven está subyugado por sus rifirrafes y el programa acapara buena parte del horario estrella semanal. La ficción tradicional acaba de asomar en la parrilla del canal con el estreno de La verdad, una serie bastante más correcta que los que sus sucesivos retrasos presagiaban, pero no es fácil hacerse un hueco entre los higadillos de los náufragos.

Telecinco también se vuelca en centralizar otra vertiente de la telerrealidad, la de los talentos musicales. A sus versiones de La Voz, Factor X y Got Talent sumará la adaptación de American Idol, cuyos derechos acaba de comprar. Esto la sitúa cerca del monopolio de los grandes concursos para cantantes aficionados. Ya solo le faltará ese Operación triunfo que un día dejó escapar.

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