Lugo, ¡por fin, existe!


La foto que veo en la edición digital de este diario (y que hoy se publica en este ejemplar) es para llenar varias tertulias de radio. Es que los dos personajes de la imagen son los mismos de que hablan los rumores publicados ayer. Uno, de nombre Alberto Núñez Feijoo, sería el preferido por Dolores de Cospedal (el partido) para suceder a Rajoy. El otro, de nombre Íñigo de la Serna, sería el que Soraya Sáenz de Santamaría (el aparato administrativo) prefiere para la misma histórica misión. Y claro, como uno es el candidato de Cospedal y el otro de Soraya, así van en el tren que los lleva de Sarria a Lugo: serios y sin hablarse en el momento en que Óscar Cela los inmortalizó. Pero, como las encuestas, solo es la foto de un instante. Entre Feijoo y de la Serna no hay ninguna silla vacía. Y tampoco hay la menor constancia de la solvencia del rumor ni de que las damas tengan mucho que decir sobre la sucesión de Rajoy.

Lo realmente importante es lo que dijeron ambos personajes: de la Serna, que en el 2021 Lugo estará a 3 horas y 50 minutos de Madrid; Feijoo, que «Lugo queda metida na liga da Alta Velocidade». Una vez que se cometió el error histórico y económico de no hacer un AVE Monforte-Madrid, con una derivación a Ourense, Santiago y Vigo y otra a Lugo y A Coruña, como habrían hecho los romanos, aproximar Ourense y Lugo no está mal. A los lucenses se nos ofrece reducir casi a la mitad la duración del viaje entre el lacón con grelos y el cocido madrileño. Y si pensamos que hace unos años esa duración superaba las diez horas, casi se nos promete el paraíso viajero.

Es que Lugo, no sé si lo sabéis, es como Teruel, pero sin baturros. Lugo es como Teruel, pero sin una sociedad organizada para ir a la capital autonómica a protestar por los olvidos que padece. Lugo corre el peligro -y algo más que el peligro- de quedarse en su rincón galaico como en una tierra de nadie, lugar de paso para ir a Asturias o a A Coruña, si más atracción que a Praia das Catedrais y la muralla, que son las que salen en las postales, pero no dan puestos de trabajo. Lugo se está quedando en la estadística de los lugares de la España vacía. Lugo necesitaría un levantamiento social que, como Teruel, recordase a los gobernantes de la Corte que «Lugo también existe».

Bueno, pues al fin parece que existe. Los Presupuestos de Montoro han sido generosos con las inversiones ferroviarias y supongo que Núñez Feijoo vio esas cuentas y llamó a su competidor: «Oye, Íñigo, si hay que pelear por la sucesión, se pelea, pero tú no seas como todos y acuérdate de Lugo». Y tendremos tren más rápido dos años después que el resto de Galicia, pero no pasa nada: ya estamos acostumbrados a ir siempre por detrás.

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