Mate usted, pero convencionalmente


Lo que ha hecho Donald Trump al atacar Siria entra dentro del manual al uso. Un presidente estadounidense en apuros en el frente interno que utiliza la fuerza en el exterior para tomar aire, amparado supuestamente en una buena causa, en este caso advertir a Bachar al Asad de que no vuelva a emplear armas químicas. Dando por bueno que las usó, porque los expertos internacionales aún no lo han verificado sobre el terreno, es como si se le dijera al tirano «mate usted a los civiles que quiera, pero empleando armas convencionales», que es precisamente lo que lleva haciendo siete años. Se trata de una acción bélica llevada a cabo por EE.UU., Reino Unido y Francia al margen de la ONU y de sus propios parlamentos, lo que es grave. Un ataque puntual y limitado que no cambia nada en Siria. El régimen de Asad queda intacto, incluso reforzado, y continuará cometiendo atrocidades, eso sí convencionales, como bombardeos sobre la población civil, ejecuciones sumarias y desapariciones, actos tan contrarios al derecho internacional como el uso de sustancias químicas. Mientras las potencias juegan a la geopolítica y la geoestrategia, los civiles sirios seguirán muriendo ante la indiferencia internacional. Misión cumplida, ha dicho Trump. Y es cierto, él ha cumplido su objetivo, desviar la atención y tratar de recuperar popularidad, que estaba bajo mínimos. Logra que se hable del ataque a Siria y no de su último escándalo sexual y marca distancias con Putin para tapar el escándalo de la injerencia de Moscú en las elecciones. Por su parte, al presidente ruso le vale para presentarse, en el colmo del cinismo, como adalid del orden internacional y Naciones Unidas muestra otra vez sus límites. Y en Siria sigue el horror y el martirio de la población civil.

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