No aprendemos. La guerra es la peor manifestación del hombre. Se acaban las palabras. Se utiliza la violencia, el terror. La primera víctima es la verdad. Todos mienten. Y estamos ante una escalada mundial en la tensión. Un ajedrez de terror. ¿Por qué? Sencillo, al mando de los misiles nuevos y de las armas químicas están tres personajes terribles. San Agustín escribió que el mundo sería mejor si obedeciésemos a los que educan más que a los que mandan. Trump es un narcisista que sería capaz de casi cualquier cosa para pasar a la Historia. Solo hay que confiar en que el Pentágono, la Cámara de Representantes y todos los mecanismos que tiene la democracia de Estados Unidos lo frene. Enfrente tiene a Putin, un ególatra sin precedentes. Un dictador enmascarado con un poder que no tiene límite. Utiliza a Siria como su patio de recreo. Se asoció con el tercero en discordia en este disparate, Al Asad. Un monstruo que ha utilizado armas químicas. Los demócratas asistimos alucinados a las expresiones marciales como la de ayer de Trump, «Misión cumplida», como si estuviese celebrando la guerra. Encima se unen al presidente de las barras y estrellas May y Macron, Inglaterra y Francia, que solo buscan popularidad en el lado derecho de sus países y hacer feliz como mascotas a la potencia económica que es Estados Unidos. Este fin de semana solo están de fiesta las empresas que se dedican a ese fabuloso negocio que es la guerra. Por el lado del tablero ruso, Irán, otro motivo para torcer el gesto, apoya a Al Asad. Y China, otra potencia a temer, dice que no le ha gustado nada el ataque que ha liderado Estados Unidos. La escalada no será bélica, más allá de una región que está machacada (siete años de guerra, diez millones de desplazados y medio millón de seres humanos muertos cuando ya se dejaron de contar hace tiempo como explicó en estas páginas mi compañero Paco Sánchez). Solo falta que se metiese en la fiesta el norcoreano. Pero la escalada será mundial por el golpe que se puede esperar del ismo del terror, que no es un movimiento artístico más. No. Es el terrorismo que tanto hemos sufrido, un escenario de sangre y desastre en cualquier rincón de Occidente por culpa de dejar de un lado la diplomacia, el ajedrez de las palabras y la inteligencia, y pasar al ajedrez de la guerra, los misiles y la testosterona.