Cristina y Paula

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La gente tiene la piel como el papel de fumar. Puras alas de mariposa. Se indigna por nimiedades. Un máster a medida. Un quítame allá unos policías, que soy diputada. Distracciones de los grandes problemas: el paro, el hambre en el mundo, el calentamiento global... Pero nada. Ahí sigue, enredándose en conspiraciones mediáticas contra Cristina Cifuentes y Paula Quinteiro. Los palmeros, necesarios en toda feria de abril, señalan a la prensa. Lo que viene siendo la base de la doctrina Donald Trump. Entre los defensores de Cifuentes cala también otro argumento de peso. ¿Por qué iba a mancharse ella por un titulillo de nada? Bueno, cada uno es libre de cavarse a medida su propia fosa de fango. Enternece ver a Íñigo Méndez de Vigo pidiendo respeto para la universidad, no vaya ser que la verdad le empañe el cristal de las gafas de cerca. El ministro de Educación, Cultura y Deporte debería ser el primero en escandalizarse, exigir cabezas y levantar alfombras. Este fandango de bailes de notas, actas reconstruidas, firmas falsificadas y trabajos misteriosos hunden ese prestigio del que tanto habla. Y emocionan los que dicen que Paula Quinteiro «es muy joven». Habrá que preguntarse en qué momento se amplió la adolescencia hasta los 28 años. Para soltar eso de «non sabedes con quen estades a falar» hay que sentirse casta de la buena. Bueno, y también un poco Clint Eastwood.

Ciudadanos, con sus negociaciones y titubeos, ha dado poca sensación de alternativa al PP y mucha de «que pase el siguiente». Así lo verán, entre otros, los alumnos de la Universidad Juan Carlos I que no faltan a clase y que entregan puntualmente sus trabajos. Saben que muchos ya no tomarán en serio sus títulos. Así de triste. Hay ovaciones que suenan a marcha fúnebre.

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