Lo pop


Normalmente, pasaría de largo una entrevista que se titulara «A las barbas hipsters, las bicicletas y los tatuajes les quedan pocos días». Pero la firmaba Javier Becerra y eso y lo de las bicicletas -en realidad se refiere solo a las de piñón fijo, tan de moda ahora- hizo que me quedara a ver qué decía Iñaki Domínguez, un estudioso de la cultura pop que habla -o Javier le hace hablar- quitándose importancia. Dice, por ejemplo, que está a punto de acabarse lo hipster porque «cinco años es lo que duran estas cosas», sin otras explicaciones enrevesadas o innecesarias. Termina la entrevista con una respuesta parecida. Javier le dice que el mundo pop parece agotado y le pregunta qué vendrá ahora. Respuesta: «Un renacimiento religioso y espiritual. Es que tiene que pasar. Es histórico. Siempre ha sido así». Y ya está, le faltó añadir.

En las últimas semanas me van saltando por aquí y por allá personas que predicen lo mismo: un resurgir religioso por unas razones o por otras. Iñaki Domínguez no da razones, se limita a decir que siempre ocurre y que ya toca y, así visto, puede parecer locura, pero conecta con el sentir de toda una corriente sociológica que defiende algo parecido. Según ellos, el porcentaje de religiosidad de las sociedades permanece más o menos estable a lo largo del tiempo, solo que cuando las grandes religiones entran en crisis, la religiosidad se degrada y proliferan los subproductos religiosos como la adivinación, el esoterismo o, dicen, muchas de las expresiones de la cultura pop: adoración de los ídolos, veneración de sus imágenes, etcétera.

Así, las dos maneras de verlo terminan por encontrarse: si desaparecen los sucedáneos, quizá vuelva lo auténtico.

@pacosanchez

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