El gesto de la reina Letizia


El vídeo que grabó lo ocurrido al final de la Misa de Pascua en Palma de Mallorca se hizo viral en las redes con repercusión internacional. La reina emérita que trata de hacerse una foto con sus dos nietas, la interposición de la reina Letizia para impedirlo, con el intento de la princesa Leonor por zafarse de la mano de su regia abuela, la intervención del rey y la perplejidad de don Juan Carlos, componen una escena pictórica que ha dado lugar a numerosos comentarios nada elogiosos. Aunque en unos casos se le quita importancia situándola en el ámbito privado de una familia esa repercusión evidencia que lo trasciende. Cierto que la Familia Real es una familia, pero sus miembros tienen una responsabilidad que no alcanza a todos los ciudadanos. Es la que justifica la existencia de la Corona, una institución constitucional, que obliga a unos comportamientos personales al servicio de España, objeto de un escrutinio intenso y cotidiano en un sistema democrático. Para salvarla don Juan de Borbón, del que acaba de conmemorarse el veinticinco aniversario de su muerte, se cuadró ante su hijo Juan Carlos para salvarla y este abdicó en su hijo con el mismo propósito.

Con ocasión del gesto de la reina Letizia han aflorado apreciaciones sobre su procedencia. Su legitimidad está fuera de toda duda; incluso puede admitirse que le proporciona una mayor sensibilidad social que podría manifestarse, por ejemplo, en la contención del gasto presupuestario que le afecta. Pero es también innegable que por su trayectoria precisa un esfuerzo adicional para cumplir con su función de consorte, sin estar obligada a atraer la atención con renovados look que la sitúen innecesariamente en el primer plano. El suceso de Palma trasciende de una desavenencia transitoria de nuera y suegra. La reacción de la ya declarada princesa de Asturias desligándose de la abuela puso en entredicho la educación que está recibiendo. No depende del mero enfoque individual de la madre: ha de conformarse a lo que el propio Felipe VI expresó en el solemne acto en el que se impuso el Toisón de Oro a la princesa Leonor.

El desempeño de la función de la consorte del rey requiere un aprendizaje en el que doña Letizia se ha empeñado con esfuerzo elogiable. El modelo se encuentra, paradójicamente, en quien ha resultado agraviada por un gesto que oficiosamente se ha calificado de «natural». Doña Sofía, hija de reyes, sin pretender deslumbrar, se ha comportado con la profesionalidad que requería su función, como esposa, madre y abuela. De ello tiene constancia personal el rey, a quien el gesto citado le ha colocado en una situación incómoda. Ha unido en cuanto ha sido posible a la familia, también en la difícil tesitura del enjuiciamiento de la infanta Cristina, procurando aminorar distanciamientos, consciente como abuela de que los nietos no son responsables de lo ocurrido y tienen derecho a ser queridos. Quizá por ello la gente se ha volcado en su favor; la familia sigue contando.

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