Todo empezó en un bus de Montgomery


A menudo los acontecimientos más extraordinarios suceden en sitios humildes. Uno de los sucesos más maravillosos de la historia de la humanidad, por ejemplo, tuvo lugar en un simple bus urbano. Era el 1 de diciembre de 1955 y Rosa Parks, una costurera negra, volvía a su casa en Montgomery (Alabama) después de una larga jornada de trabajo. En un punto del trayecto, se subió un pasajero blanco que, junto al airado conductor, reclamó a Parks que le cediese su asiento como establecían las leyes de segregación racial. Parks, en un gesto aparentemente minúsculo que en realidad cambió el curso de la biografía política y social de Estados Unidos, dijo que ya estaba harta y que no iba a levantarse para que un viajero, por el simple hecho de lucir tez blanca, pudiera sentarse.

Ese pequeño acto de rebeldía, que pasado el tiempo tanto nos recuerda la desobediencia civil de Thoreau, acabó con Rosa Parks arrestada y multada. Pero el azar -que, como dice mi amigo Miguel-Anxo Murado, tanta importancia tiene en el desarrollo de los sucesos históricos- quiso que en la misma ciudad viviese entonces un reverendo llamado Martin Luther King Jr., un activista a favor de los derechos civiles que empezaba su carrera como líder de las protestas pacíficas contra las leyes de segregación racial que prohibían a los ciudadanos negros compartir escuelas, autobuses y puestos de trabajo con sus compatriotas blancos.

Luther King se puso al frente del boicot a la empresa de transporte de Montgomery, que duró 381 días y llevó a la quiebra a la compañía de autobuses en una ciudad con 105.000 habitantes, 42.000 de ellos negros.

En ese bus empezó todo. Luego llegarían otras protestas, otras luchas. Y, el 28 de agosto de 1963, la marcha de 200.000 personas de Washington, donde, a la sombra del monumento a Lincoln, Luther King pronunció su memorable discurso I have a dream. Como recordaba The New York Times, aquellos 200.000 manifestantes negros reclamaban libertad y un trabajo digno cien años y 240 días después de que Lincoln ordenase emancipar a sus antepasados esclavos. En la Casa Blanca recibió a los líderes de la protesta el presidente Kennedy, al que asesinaron solo unos meses después, en noviembre. En febrero de 1965 también mataron a Malcolm X. Y el 4 de abril de 1968 trataron de acabar a tiros en Memphis con el sueño de King. Lograron poner fin a su vida, pero ya nadie pudo detener la conquista de los derechos civiles que se inició en un bus de Montgomery, Alabama.

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