Todo empezó en un bus de Montgomery

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa CON LETRA DEL NUEVE

OPINIÓN

04 abr 2018 . Actualizado a las 08:12 h.

A menudo los acontecimientos más extraordinarios suceden en sitios humildes. Uno de los sucesos más maravillosos de la historia de la humanidad, por ejemplo, tuvo lugar en un simple bus urbano. Era el 1 de diciembre de 1955 y Rosa Parks, una costurera negra, volvía a su casa en Montgomery (Alabama) después de una larga jornada de trabajo. En un punto del trayecto, se subió un pasajero blanco que, junto al airado conductor, reclamó a Parks que le cediese su asiento como establecían las leyes de segregación racial. Parks, en un gesto aparentemente minúsculo que en realidad cambió el curso de la biografía política y social de Estados Unidos, dijo que ya estaba harta y que no iba a levantarse para que un viajero, por el simple hecho de lucir tez blanca, pudiera sentarse.

Ese pequeño acto de rebeldía, que pasado el tiempo tanto nos recuerda la desobediencia civil de Thoreau, acabó con Rosa Parks arrestada y multada. Pero el azar -que, como dice mi amigo Miguel-Anxo Murado, tanta importancia tiene en el desarrollo de los sucesos históricos- quiso que en la misma ciudad viviese entonces un reverendo llamado Martin Luther King Jr., un activista a favor de los derechos civiles que empezaba su carrera como líder de las protestas pacíficas contra las leyes de segregación racial que prohibían a los ciudadanos negros compartir escuelas, autobuses y puestos de trabajo con sus compatriotas blancos.

Luther King se puso al frente del boicot a la empresa de transporte de Montgomery, que duró 381 días y llevó a la quiebra a la compañía de autobuses en una ciudad con 105.000 habitantes, 42.000 de ellos negros.