Cuentas públicas tóxicas


A estas alturas de la película, cuando la deuda pública se acumula como bola de nieve, somos el único país europeo bajo el procedimiento de déficit excesivo y tenemos casi a cero el fondo de reserva de la Seguridad Social, no se debe mirar para otro lado. Menos aun cuando va a llegar al Banco Central Europeo un halcón alemán del Bundesbank que espera acabar con las compras de deuda (pongamos española por doscientos mil millones) y también acabar con que la prima de riesgo siga durmiente.

En esas circunstancias sostengo que el seguir manejando las cuentas públicas con el populismo tóxico de que todos pagaremos menos impuestos y, sin embargo, podemos consolar a una larga lista de colectivos (ayer mi colega Fernando Salgado los sumaba no poco perplejo), debe considerarse una política presupuestaria tóxica. Tóxica porque su único razonamiento es que esa suma de rebajas fiscales y transferencias de renta animará la demanda nacional y, con ello, el crecimiento (ya que de la demanda externa se espera más bien muy poco este año).

Siendo así que, sigue el cuento tóxico de la lechera, si seguimos creciendo cerca del tres por ciento, se ampliarán las bases impositivas, se seguirá creando empleo y recaudaremos más impuestos y cotizaciones.

Es esta una milonga que no ha impedido que acumulemos una deuda pública descomunal (que nos deja a los pies de los caballos de la prima de riesgo y de los prestamistas), mientras somos uno de los países en los que más ha crecido la pobreza y la desigualdad, la sanidad pública hace aguas y las situaciones de dependencia son dramáticas.

Pero la gran coalición tóxica mira para otro lado. Pues siendo de sobra conocido que recaudamos ochenta mil millones menos que la media de los países de la eurozona (38,2 % frente a 46,2 %), tanto el Partido Popular como Ciudadanos no piensan en recortar tal diferencial planteando una urgente reforma fiscal.

Eso sí, caramelos por aquí y por allá con cargo a la deuda, y envueltos en una rebaja de impuestos. ¿Alguien da más? Quizás el mejor ejemplo de este milagro populista y neoliberal sea el de los pensionistas. Los que cobran las pensiones mínimas actualizarán su pensión con el IPC, mientras que los que cobran menos de 1.200 euros no pagarán ya IRPF. Nada de suprimir los topes máximos de cotización, nada de evitar que unas actividades sean gorronas y otras costaleras.

Todos ganan, nadie paga más. ¿De dónde sale el dinero?, ¿cómo se mantiene así, pongamos, la sanidad pública? Ya saben: a confiar en el crecimiento y en poder refinanciar barato el endeudamiento. Y el que venga después, que cargue con el fardo.

Lo peor de este mensaje es que alimenta la ideología tóxica del «sálvese quien pueda». De ganar, no pagar impuestos, hacerse un seguro de salud privado y un fondo de pensiones. Y estar atento a la próxima amnistía fiscal.

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