¿Rusia es culpable?


La verdad sea dicha: no está del todo claro que Rusia se encuentre detrás del envenenamiento de Serguéi Skripal y su hija, que ha desatado esta última guerra diplomática entre Bruselas y Moscú. El asunto tiene demasiadas sombras. Hay dudas sobre el móvil y el tipo de veneno utilizado. En el laboratorio militar de Porton Down -que está curiosamente a 12 kilómetros escasos de donde ocurrió el ataque-­ creen, pero sin demasiada seguridad, que se trataría de Novichok, un misterioso gas militar desarrollado hace cuarenta años en la extinta URSS. Pero esto es raro, porque hace dos años uno de los jefes científicos de ese mismo laboratorio expresaba sus dudas de que ese gas existiese siquiera, que es precisamente la razón por la que la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) no lo tiene en sus listas de armas prohibidas. Igor Sutyagin, un experto en control de armamentos amigo de Skripal, que estuvo preso en el mismo campo de trabajos forzados que él, y le acompañó en el 2010 en el intercambio de prisioneros que los liberó a ambos, no cree que el Kremlin esté detrás de esto.

En realidad, el gran argumento contra Rusia es el parecido de este caso con el asunto Litvinenko, en el que otro exagente ruso fue asesinado en el 2006 en suelo británico, en esta ocasión envenenado con radiactividad. Suficiente para la sospecha, pero no para la certeza, porque los dos casos son muy distintos. Litvinenko era un agente del KGB que se había pasado al enemigo con una maleta repleta de secretos. Skripal es un espía de los británicos al que Rusia envió a Gran Bretaña voluntariamente en un intercambio. No se ve por qué querrían matarle. Puede que al final aparezcan pruebas, pero de momento es demasiado aventurado señalar a nadie.

Por eso la mayor parte de los países de la UE habían sido cautos hasta ahora. La semana pasada, su nota de condena era prudente y dejaba las posibles represalias para más adelante, cuando se confirmase la responsabilidad de Rusia. Pero en estos últimos días Londres ha estado presionando con fuerza a las cancillerías europeas. El resultado fue otra nota, emitida con tanta urgencia que salió en mitad de la noche del jueves al viernes. En ella, la UE endurecía sustancialmente su lenguaje y aceptaba sin reservas la afirmación británica de que «Rusia es culpable». De ahí las retiradas de embajadores de ayer. Un aspecto interesante del asunto es que permite observar cómo Gran Bretaña, un país que está negociando su salida de la UE, mantiene esta capacidad de presionar a sus, pronto, exsocios. Toda una lección para quienes piensan que el brexit es el fin de la relación entre Europa y su gran isla atlántica.

Occidente coordina la mayor expulsión de diplomáticos rusos de la historia

Cristina Porteiro

EE.UU., Canadá y 16 países de la UE, entre ellos España, cierran filas con Londres

«Esta es la expulsión colectiva de agentes de inteligencia rusa más grande de la historia», anunció ayer la primera ministra Theresa May. Lo hizo tras el cierre de filas que hicieron sus socios atlánticos como respuesta a la agresión perpetrada en suelo británico el 4 de marzo. A Londres no le cabe la menor duda de que Moscú está detrás del ataque con el agente nervioso Novichok contra el exespía ruso Serguéi Skripal y su hija Yulia. A sus aliados occidentales tampoco.

En una acción coordinada, Washington, Ottawa, Kiev y hasta 16 cancillerías europeas anunciaron ayer la expulsión en cadena de más de un centenar de diplomáticos y agentes de inteligencia rusos, que se suman a los 23 deportados por el Reino Unido el pasado 14 de marzo. Una ofensiva política sin parangón desde la Guerra Fría. «Rusia no puede romper las reglas internacionales sin impunidad», zanjó ayer el ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, celebrando la «extraordinaria respuesta colectiva de nuestros aliados».

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