Cárcel y literatura


Mucho trajín estamos viendo estos días en torno a las cárceles, y como no dejo de arrimar el ascua a la sardina de la literatura, recuerdo algunos títulos carceleros, que recomiendo a los de dentro y a los de fuera. Anda por los libreros de viejo, suelto o agrupado con otros premios Planeta, el de 1972, una novela de un muerto -y por lo tanto premiada póstumamente- con el título de La cárcel, firmada por el abogado colombiano Jesús Zárate. Es una delicia de narración, llena de humor y de crítica al sistema de prisiones de su país, pero que puede extenderse a muchos otros. El narrador, Antón Castán, es un preso que cuenta su vida en la cárcel.

En el lado opuesto, por lo dramática y real, está la novela del peruano -que tanto admira Vargas Llosa- José María Arguedas, titulada El Sesto, que es como se conoce al viejo penal de Lima. Allí es encerrado Arguedas por haber intentado tirar a un estanque al general italiano Camarotta, enviado en 1937 por Mussolini en visita oficial al país. Son ocho meses en doscientas páginas que dejaban pasmado al hijo mayor de Torrente Ballester, que sabía de cárceles por experiencia propia. Pero la más literariamente dramática es la cárcel de Reading, donde Óscar Wilde fue preso durante dos años por su relación homosexual con el hijo del marqués de Queensberry, Alfred Douglas, al que el escritor llamaba Boosie. Dentro escribió De profundis y ya fuera La balada de la cárcel de Reading. Pero lo que ganó la literatura, a Óscar Wilde le costó la alegría de vivir.

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