El desafío de romper los techos de cristal y de cemento


Profesora del IESE y directora del Centro Internacional Trabajo y Familia

Existen dos tipos de techos que las mujeres debemos superar para eliminar las barreras que siguen existiendo en la actualidad. Uno de ellos, el más reconocido por todos, es el techo de cristal, que es el que se nos impone a las mujeres desde el exterior y viene provocado por los horarios rígidos de los empleos, la imposibilidad de conciliar el trabajo y la familia y también por ciertos estereotipos masculinos. Pero, además, existe el llamado techo de cemento, que es autoimpuesto por la propia mujer y que incluye todas aquellas barreras internas que tienen que ver con la falta de confianza y el miedo al fracaso y que, en muchas ocasiones, derivan en optar por no promocionar en la trayectoria profesional.

Pero estos techos de cristal y cemento -tema que abordaré precisamente mañana en Vigo en el foro Mujer, Empresa y Formación- pueden romperse. Para rebasar el techo de cristal hay que dar poder a las mujeres, confiándoles puestos de alta dirección, ya que aportan una visión más complementaria a la de los hombres y ello beneficia a la empresa y a la sociedad en general. Sin embargo, para romper los techos internos hay que reconocerlos y ayudar a la mujer a superarlos; es decir, reforzar su autoestima y sus capacidades para que participe y contribuya con su feminidad en todas las esferas sociales, incluyendo el plano profesional.

Acabar con estos dos techos no solo traerá como consecuencia una mayor visibilidad de las mujeres en puestos de alta responsabilidad, ocupados tradicionalmente por los hombres, sino que reducirá la brecha salarial por razón de sexo, que la OCDE cifra en un 14 %. Tener un mayor conocimiento y confianza para negociar los salarios y la adopción, por parte de las empresas, de horarios más flexibles, que permitan una mejor conciliación entre la vida profesional y la personal, son algunos de los elementos que favorecerán que las mujeres consigan el mismo sueldo que el que percibe un hombre por un mismo trabajo.

Sin embargo, la verdadera igualdad de oportunidades no se podrá conseguir si no aceptamos las diferencias biológicas y psicológicas entre hombres y mujeres y no las integramos en el mundo empresarial. En un mundo pensado por hombres y para hombres del siglo pasado, prevalece aún en muchas empresas un estilo de liderazgo masculino que las mujeres podemos y debemos enriquecer aportando los valores de nuestra idiosincrasia femenina.

Por Nuria Chinchilla Profesora del IESE y directora del Centro Internacional Trabajo y Familia

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