Costaleros y gorrones


No salgo de mi asombro al comprobar cómo el mundo al revés se adueña de la mayor parte de los problemas del país. Recapitulemos sobre las cuentas públicas.

Últimamente se planteó que el galopante endeudamiento de algunas comunidades autónomas quizás habría que asumirlo definitivamente como deudas mancomunadas de todos los españoles. Unas deudas que están creciendo a doble velocidad que la del Estado que se ha triplicado desde el año 2000.

Sabemos de esas deudas que su amortización y pago de intereses (treinta mil millones al año) están blindados por una reforma constitucional exprés, pero también que han crecido a pesar de los recortes realizados en los gastos sanitarios, educativos y de protección social. Y como quiera que las comunidades autónomas gestionan sanidad y educación los recortes y las deudas se han concentrado en ellas.

También está sobre la mesa la futura financiación de las autonomías. Con un País Vasco que seguirá disfrutando de un cuponazo (cuatro mil millones anuales de aportaciones gorroneadas) y una Cataluña que no quiere ser menos (ocho mil millones para mejorar sus servicios públicos). Al resto les tocaría repartir lo que no hay.

Y luego están los presupuestos del Estado para el año en curso. Cumplir con el déficit del tres por ciento, pagar los intereses del tres por ciento, mantener a raya los pagos a los pensionistas y repartir los recortes (sanitarios, educativos o de dependencia) entre las autonomías.

En su conjunto tenemos un pastel descomunal de deudas galopantes, recortes antisociales y mosqueos territoriales en el que aparece como campeón para su gestión un gobierno descalificado nada menos que por el Tribunal Constitucional por dinamitar la Hacienda Pública.

Y aquí está la clave. Porque las disputas entre los costaleros endeudados son la otra cara del jolgorio que se traen los gorrones. Los que ya disfrutaron de una amnistía fiscal y los que esperan la siguiente.

Jolgorio de todos los gorrones que se llenan la boca con el disparatado gasto público mientras son depredadores del mismo en sus concesiones o contratos, o bien se benefician de que en España los salarios (al cobrarse o al consumirse) sean los costaleros del sistema. Mientras que las rentas del capital, de sociedades o del patrimonio salen de rositas. Pues siendo 5 de cada 10 unidades de renta, solo aportan 1 de cada 10 de ingresos públicos.

Sin una más que urgente reforma fiscal que aborde esta asimetría entre costaleros y gorrones, los regalos fiscales y la bola de nieve de intereses (aún con deterioro sanitario, educativo y del bienestar de nuestros mayores) seguirá engordando una deuda pública ilegítima.

Y no se la espera. Porque tanto el PP como Ciudadanos se comprometen por escrito a que los ingresos públicos no superen en 2020 el 39%. Siete puntos menos que la media europea. Setenta mil millones anuales ahorrados por los gorrones. Traducido: más disputas, malestar social y deudas para los costaleros.

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